Su nuvo álbum es un disco construido a partir de los cimientos del rock clásico con el que se sustenta su propuesta, pero que abre sus ventanas hacia sonoridades más pop. La fórmula definitiva para que sea uno de los discos del año. Hay grupos que parecen avanzar con un plan perfectamente trazado. Y después está La Ludwig Band, que más bien dan la sensación de haber llegado hasta aquí siguiendo una intuición, una forma de estar en el mundo. Quizá más pop y pulido que en sus entregas anteriores, ahora publican “Pel barri es comenta” –un disco, esta vez editado a través de su propio sello, L’Animeta–, que confirma su crecimiento sostenido situándolos, definitivamente, en ese territorio en el que conviven el fenómeno popular y la identidad propia. “Yo estoy muy nervioso”, admite su cantante, guitarrista y alma creativa, Quim Carandell, pocos días antes de la publicación de su cuarto elepé. “Pero también hace tiempo que terminamos el disco, y ahora es el momento de disfrutar y de recoger lo que hemos sembrado”. Para el bajista Andreu Galofré, “los nervios vendrán unos minutos antes de estrenarlo en directo”. El primer concierto en el que sonarán sus nuevas creaciones será Girona, pero después vendrán una primavera y un verano largos, con conciertos en multiud de plazas que puedes consultar al final de esta entrevista.
“Estamos aprendiendo a vernos como amigos, pero también como compañeros de trabajo”
Aprovechando el momento
La sensación de momento importante no es casual. El grupo ha crecido sin prisa, pero sin pausa, desde aquellos primeros conciertos en El Pumarejo hasta convertirse en una banda capaz de atravesar generaciones. Grabado durante diversas fases de su gira anterior, y contando en diversas de sus trece canciones con la participación de algunos de los mejores productores de la escena musical catalana: Joan Borràs (teclista de Oques Grasses), Santi Garcia y Pau Vallvé, “este disco es más para todos los públicos”, apunta el batería, Roger Cassola. “Creo que llega a más gente. Es más intergeneracional”, añade reafirmando esta idea de que “Pel barri es comenta” es un trabajo que mantiene esa esencia de banda de rock clásico, la que encuentra sus referentes en Dylan y Riba, Springsteen y Sisa; pero en esta ocasión pasadas por el filtro de unas texturas más pop.
“Los artistas tenemos estos perfiles de Spotify en los que puedes ir comprobando datos, y desde la salida del single ‘Millor amb ell’ nos empezó a escuchar el doble de gente”, explica Carandell. “Pero lo mejor es que estos nuevos seguidores se han quedado”, añade el teclista Pau Esteve. También hay una cuestión de contexto. “Después de unos años con mucho movimiento en la escena catalana, actualmente hay un poco de silencio”, apunta Carandell. “Sin querer quitarnos mérito, el disco sale en un momento de relativa calma”. Aun así, La Ludwig Band no parece haber modificado el rumbo para llegar más lejos. O, al menos, no de cualquier manera. “Algunas cosas sí que las hemos rechazado”, admite Pau. “Hay que saber decir que no para mantener la coherencia”. Esta coherencia también pasa por entender el privilegio. “Somos muy conscientes de lo afortunados que somos de poder construir nuestra vida haciendo esto”, dice Carandell. “Nos pone en una situación de mucho confort”. Un confort que, paradójicamente, convive con las incertidumbres de la vida de músico. “Hay días que pienso que nadie me quiere porque soy músico y no tengo los fines de semana libres”, confiesa el cantante con su fina ironía habitual. La paradoja es que, cuando los conciertos se detienen, les falta algo. “Ahora que no tenemos conciertos, los fines de semana se hacen un poco largos”, dice el multiinstrumentista Lluc Valverde. “El ritmo no va en ciclos semanales sino anuales. Es especial y a veces un poco incógnita”. La tranquilidad se les acaba en breve.
Tocando la fibra
Este equilibrio entre vida y música atraviesa también el disco. Sus canciones siguen funcionando como microrrelatos, pero con un peso emocional distinto. “Creo que este disco habla un poco más de las cosas del alma y desde el yo”, admite Carandell. “Puede tocar más la fibra y no tanto la inteligencia”. Tal vez por ello, este es el álbum que más ha disfrutado escribiendo. “Me lo pasé muy bien. Me pilló una época buena”, recuerda. Musicalmente, el cambio es evidente; pero la ruptura no es, ni mucho menos, total. La Ludwig Band han partido el jarro que modelaba su propuesta sonora, para dar forma a un nuevo continente melódico. Son los mismos de siempre, pero lucen diferente. Carandell, que aquí canta como no lo había hecho antes (“me pegaron caña con esto”), dice que el tono de las canciones es más oscuro. Pero este trazo brumoso se queda en el trasfondo de sus versos (exquisitos como siempre, porque el tipo sigue escribiendo como le da la gana). En la suma de letra y música, la instantánea es más radiante. “Hemos ensayado antes de grabar, hemos tenido más tiempo para pensarlo todo”, explica Cassola. “Y hemos tomado decisiones importantes”, añade Valverde. Galofré lo ve como un proceso inevitable. “Vas cambiando como persona y como grupo. Todos cambiamos, queremos probar cosas nuevas”.
Este cambio también afecta a su relación interna. “Hemos pasado de ir en coche con la guitarra encima a ir en furgoneta con los auriculares y sin hablarnos”, dice Carandell sacando a relucir nuevamente su particular ironía. “Estamos aprendiendo a vernos como amigos, pero también como compañeros de trabajo”. Recientemente, el grupo se ha constituido como cooperativa, formalizando una forma de funcionar que ya era colectiva. “Es una estructura para poder hacer lo que haces de una forma limpia”, explica Pau. “Pero tampoco estamos montados en el dólar”, replica Lluc. “Es para vivir, ya está”. Este espíritu colectivo se refleja también en el imaginario del disco. La portada, con los miembros como si fueran personajes de una sitcom, no es casual (ese aroma a la icónica “Plats bruts”). “Queríamos apostar por cada individualidad del grupo”, explica Valverde. “Presentarnos un poco”. Quizá aquí reside una de las claves de La Ludwig Band: la convivencia entre el colectivo y las personas, la familia y el individuo, la banda y el músico, entre el relato compartido y la intimidad.

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