El tercer disco de Jesse Sykes es el puente que debió cruzar entre su debut, el más tradicional “Reckless Burning”, y esa tortura sentimental y angustiosa que era “Oh, My Girl”. “Live, Love, Lost & The Open Halls Of The Soul” es una obra equilibrada que maneja con clarividencia la diferencia entre los claros y los oscuros, un disco capaz de transmitir buenas sensaciones (“Eisenhower Moon”), de emocionar amargamente en esa soulera “The Air Is Thin”, en el que retrata con crudeza una parte de su niñez, de sus sueños, de sus deseos, pero también de hablar sobre mentiras ajenas y corazones partidos en “Hard Not To Believe”.
"La música es como mirarte a un espejo, te levantas una mañana y no te gustas y al siguiente te ves espléndido"
“En un principio no empecé a escribir con una idea preconcebida, no tenía claro el patrón que quería utilizar esta vez. Lo único que tenía claro era que quería llamarlo ‘The Open Halls Of The Soul’, porque creí que esa canción me transportaba a otra esfera, a lugares de mi interior que nunca antes había explorado. Me ayudó a darme cuenta de que todavía me podía transformar a nivel personal y artístico. Es una canción positiva que habla de abrir tu corazón y tu alma. Es una suerte de aplauso a la vida. Hay mucho horror y mucho sufrimiento a nuestro alrededor y eso me afecta mucho, por lo que tuve que llegar a la conclusión de que estamos de paso por un corto espacio de tiempo y debemos saber disfrutar de los pequeños placeres que nos otorga la vida”. Pese a un fuerte resfriado, Jesse Sykes contesta a mis preguntas en persona, en un viaje relámpago a Barcelona. En las distancias cortas es encantadora, dulce y se muestra contenta por conocer la ciudad. Phil Wandscher, quien fuera mano derecha de Ryan Adams en Whiskeytown, le acompaña. Es un músico curtido en mil batallas que dirige The Sweet Hereafter, la sólida banda de acompañamiento de Jesse Sykes. “Todos nos hemos tenido que readaptar. Ha habido una evolución lógica. Teníamos que conseguir un sonido más cercano, más cálido, un disco del que pudieses hablar de tú a tú con cualquier persona que lo escuchase, que tratase de temas comunes para todos nosotros como el amor, la amistad, el dolor o la euforia. ‘Reckless Burning’ fue como perder la virginidad en un disco en el que simplemente pretendíamos mostrar lo que habíamos aprendido, pero al que le faltaba una pizca de madurez. ‘Oh, My Girl’ fue una búsqueda interior que sirvió para explorar y experimentar. En cambio, quería sentirme bien para grabar este disco porque es muy importante el estado de ánimo que tengas en el estudio, de eso depende que salga un disco u otro. Disfruto grabando si todo sale fluido, pero si no sale como espero y se eterniza el proceso puedo llegar a desesperarme. Esta vez acabé muy satisfecha”. La artista dijo en cierta ocasión que un músico nunca se siente plenamente satisfecho con la música que graba, pero creo que con este colosal álbum se va a tener que tragar sus precipitadas y sinceras palabras. “La música es como mirarte a un espejo, te levantas una mañana y no te gustas y al siguiente te ves espléndido. Valoro todos mis discos al mismo nivel, no quiero hacer distinciones, pero sí tengo la percepción de que esta vez he conseguido lo que me había propuesto. Aunque también creo que en el arte, sea lo que sea, todo es mejorable y todo es opinable. Lo que a mí me gusta puede no gustarte a ti y a la inversa. De esa manera, es imposible contentar a todo el mundo y es complicado que, por tanto, una se pueda sentir satisfecha al cien por cien”. “Station Grey” está inspirada en Holden Caufield, el protagonista de “El guardián entre el centeno”, con el que muchos de nosotros nos hemos identificado durante años. “Es un libro que leí cuando todavía era adolescente. Es una historia que habla de anhelos, de esperanza, de la inseguridad de un personaje que cree estar en lo cierto y que se equivoca. La conclusión es que siempre debe haber esperanza y que puedes salir victorioso incluso en una situación complicada”.
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