“Cuando yo nací, mis padres escuchaban a Coltrane, Davis, Vaughan, Billie Holliday... Y no sólo jazz, también el soul de Wonder, Gaye, Franklin, Green... Me enseñaron a apreciar el groove de un bajo, la inflexión de una voz, la melodía de un instrumento de viento. Nunca he conocido a gente que amara tanto la música como ellos. Mientras, en las calles del Bronx mis colegas escuchaban hip hop y r&b, ésa era la música de mi generación, la podíamos improvisar nosotros mismos tocando en el capó de los coches o contra la pared, creando esquemas de ritmos espontáneamente. Cuando me apunté al liceo de arte, en los pasillos oía atentamente a los estudiantes tocar música clásica, y en las iglesias de Harlem y Brooklyn escuchaba a la gente cantar gospel. Para mí todo está en el mismo plato. Me sentiría un traidor si sólo escuchara un estilo o si tuviese miedo de combinar diferentes sonidos”. Sin embargo, sigue siendo uno el género de base. “Ya se ha demostrado que el jazz puede ser un lenguaje universal, no tenemos que ponerlo más en cuestión. Sin la invención del jazz la música americana no hubiera sido nada importante o prácticamente insignificante”. En “Apothecary rx” llega incluso a mezclar las congas cubanas y los cantos tibetanos con una marcha fúnebre de Nueva Orleáns. ¿Puede la música aunar pueblos tan alejados entre sí?
| "Sin la invención del jazz la música americana no hubiera sido nada importante o prácticamente insignificante " |
“Viví una temporada en Bali, donde escuché cantos sagrados que me recordaban los mismos que oí en los campos de Ghana y en las iglesias afroamericanas de Brooklyn. Todos los instrumentos que el ser humano ha creado son una imitación de los sonidos que nuestro cuerpo emite. La música tiene resonancia en todo el mundo y es el único lenguaje unificador que la humanidad tiene”. Sin embargo, la globalización del planeta tiene un único dueño: los EEUU. ¿Qué opinión le merece la política exterior tan punitiva de la que está abusando su país, y sobre todo a raíz de los atentados de aquél fatídico 11-S? “No tengo mucha esperanza en la poca voluntad que mi generación se gasta en desafiar a su propio gobierno. Hay una gran diferencia con respecto a cómo la gente en España ha reaccionado frente al pasado 11-M, y cómo los americanos han actuado decidiendo en cambio ser aún más patrióticos y aún más nacionalistas. Muchos de nosotros no tienen ni idea de otras culturas fuera de la nuestra, y nos sentimos incómodos con los que son diferentes. El mundo ha progresado mucho, pero a veces me pregunto si realmente nosotros lo hemos hecho”. Parece como si los EEUU se cimentaran en el ombliguismo del american way of life e ignorara consecuentemente con su postiza felicidad al resto del mundo... “No creo que haya un modo de vida norteamericano en un sentido universal o ni siquiera nacional. Existen enormes desniveles entre la gente que vive en EEUU, miles de realidades entre lo económico, lo étnico y lo sexual. De hecho, la política sería el último ingrediente de un estilo de vida estadounidense si hubiera alguna que representara a los EEUU. Capital, colonialismo, mass-media, famoseo y sexo son las obsesiones primarias de este país”. Un hombre tan culto en un mundo artístico todavía en su mayoría en manos de blancos, ¿ha tenido alguna vez problemas de aceptación? “El mundo entero está dominado por la cultura blanca. Si hubiese perdido el tiempo sintiéndome al margen no habría tenido nunca la posibilidad de impulsarme hacia dentro”. Carl Hancock destacó además en la adaptación que hizo Robert Wilson de “La tentación de San Antonio”. ¿Queda sitio en este mundo todavía para los santos? “He crecido pensando que los santos eran figuras ungidas que murieron miles de años atrás y cuya única forma de verlos era en estatuas o pinturas al óleo. Pero hay que recordar que los santos son héroes creados por el hombre, nos ayudan como ejemplo de personas que han aprendido cuáles son los valores más universales de esta vida. Hay santos que han llegado a bautizarnos, cocinado nuestras comidas, que nos han casado, que han dado la vida a nuestros hijos y por los que algunos han dado hasta la vida”. Para él el arte implica un deber para con su sociedad, aunque con matices. “El artista tiene obligaciones sobre sus impulsos artísticos, eso es todo. Pero si es consciente de que la creatividad es un regalo que le es dado a un individuo como otro canal de expresión más allá de lo que un mero ser humano puede entender, entonces evaluará la importancia de un mensaje social o político en su trabajo. El arte ha sido reconocido como inspirador de revoluciones y también de paz, es un instrumento peligroso por su capacidad tanto de curar como de dañar”. Por último ¿le molesta que le confundan con Herbie Hancock? “Sólo si confunden sus discos con los míos en las cajas de las tiendas”.
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