Piensen en el comienzo de “Amélie”: Nicolás es un chico desgarbado que aún no sabe qué hacer con su vida. Nicolás quiere irse de casa pero ni siquiera puede manter ordenado su cuarto. A Nicolás le gusta su vecina, escuchar Talking Heads, Pink Floyd y Sonic Youth, bailar dando vueltas en su habitación hasta ver luces de colores, esperar al “The End” en la pantalla cuando termina una película. A Nicolás no le gusta pasar miedo por las noches, la comida recalentada ni las cosas con fecha de caducidad. “A Nicolás le gusta jugar y a Plastic tampoco se le da mal”, completa la nota de prensa de la discográfica que acompaña a “Nicolás”, segundo largo de Plastic D’Amour tras “Olivia” (Siesta, 03), del que se declara “hermano adolescente”. Encima el disco se presenta en una edición que imita un juego de recortables con el que decorar una habitación de casa de muñecas, con guitarras de cartón y minipósters de Kiss y Nirvana.
| "Somos de los que piensan que cualquier tiempo futuro siempre será mejor" |
¿Una historia de iniciación narrada en una docena de canciones? En pleno Madrid de los Austria, Blanca Lacasa y Alberto Matesanz, artífices de este dúo plástico y romántico, responden a un montón de tópicos, empezando por la empalagosa Amélie, que rodean a la música digamos, hummm, afrancesada. “¡No somos afrancesados!”, corta Blanca. “O sí, pero no. No pasaría sin cantásemos en castellano. Creo que más bien es algo relacionado con el idioma, que lo da el propio francés. Pero el disco tiene otras reminiscencias, de Bob Dylan, por ejemplo. Y del oeste” (Alberto). “Yo creo que “Una historia de Brooklyn” (película protagonizada por un chico de dieciséis años obsesionado con la canción “Hey You” de Pink Floyd) sería más ‘Nicolás’ que ‘Amelie’”, dice Blanca, que reconoce que a la hora de hablar de todas las referencias que comparten, “en el fondo, somos unos freaks. Escucho mucho pop francés pero también folk, me gustan desde las Pipettes a Carla Bruni”, completa. Puede que lo sean: a Alberto, que terminará confesando que no lee novelas porque es un “entretenimiento burgués”… Después de explorar sus alrededores, se entiende mejor a “Nicolás”, un compacto que parte de la guitarra, el cello y el piano para construir algo más que la biografía sentimental de un chico sensible, contada, igual que en el caso de “Olivia”, “a partir de polaroids, imágenes que nacen de cualquier cosa, de una frase o en el metro. Nos gusta que sugieran”, dice Blanca. “Pero no hay nostalgia de nada, si acaso, melancolía. Somos de los que piensan que cualquier tiempo futuro siempre será mejor. También hay letras más políticas, con un tono más agresivo”. Alberto: “Sí, el disco tiene un lado más crudo en la forma de tocar los instrumentos y en los arreglos. Tiene un punto de distorsión”. Y es que “Nicolás” es capaz de apartarse de Geroges Brassens para jugar con el wah wah y el Hammond (“Detour”), enredarse en una suave psicodelia (“Les autres”), regalar subidones pop (“Summer Boy”), visitar el cabaret (“J’ai Peur) y la comedia francesa (“Fini”), hacer terapia de la angustia adolescente (“Le Réveil”) y, bueno, ponerse un poco cursi (“Ma Belle”), debe de ser la edad. La vitalista “Ecoute Ton Coeur” funcionaría a la perfección como títulos de crédito. Aunque el principio, el final y toda la trama familiar hay que buscarla después. “Hemos querido que todo fuera sencillo y divertido. ‘Nicolás’ es más suelto que ‘Olivia’ en ese sentido, está hecho desde la experiencia, con más despreocupación y sin nada premeditado. Otra cosa es que una vez terminado, busquemos sentido entre las canciones y conexiones con otros discos”, dice Alberto. Llegados al “The End”, es la cuidada edición de la que hablábamos antes lo que hace que nos terminemos de creer todo lo que nos quieran contar de Nicolás y más que nosotros nos imaginemos. Ellos mismos la describen como “un ejercicio de estilo” de Aitor Méndez (Estudio 451), “algo que no nos hubieran permitido en una multi”. ¿Cómo van a defenderlo en concierto? Alberto: “Es que son dos mundos distintos: nosotros intentamos sacar todo el partido del CD y el estudio nos permite muchos colores. En directo buscamos la contundencia, no somos partidarios de plasmar las canciones igual que están grabadas, sólo la esencia”. ¿La esencia de Nicolás? “Bueno, yo no he oído un disco de Kiss en mi vida”, admite Alberto. Ahora que nos habíamos creído la historia del chaval...
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