Andrew Laidlaw es un cruce entre Hugh Grant y Rupert Everett. Un ex proyecto de ingeniero de sonido aburrido que decidió montar una banda cansado de mirarse las puntas de sus zapatos mientras a su alrededor se hacían y deshacían bandas de todo tipo. “Imagínate: Tenía un estudio gratis y todo el tiempo del mundo, ¿cómo iba a desaprovecharlo? Una noche empecé a escribir canciones y luego llamé a mis amigos y lo siguiente que supe es que tenía una banda”, cuenta. Andrew era ayudante en una escuela de ingenieros de sonido. Cuando montó la banda (en Greenwick, su ciudad natal) se mudó a Londres con sus amigos Nathaniel Perkins (batería), Toby Fogell (bajo), Ivor Sims (guitarra), Malcolm Young (teclados) y Ali Howard (voz) ya convertidos en Lucky Soul.
| "Ha llegado el momento de dejar de ser tan cínico y empezar a divertirse" |
“Nos mudamos en busca de fama y fortuna”, dice. Y la encontraron. De hecho, se la fabricaron ellos mismos. Montaron un pequeño sello y se autoeditaron los primeros sencillos de lo que había acabado por llamarse Lucky Soul (imaginad a Sandie Shaw en el catálogo de la Motown y luego a Olivia Newton-John liderando una girl-band de los ochenta y tendréis una idea aproximada de lo que Andrew y los suyos tenían en mente). “Creamos Ruffa Lane porque teníamos claro que nuestra música no interesaría a una gran compañía discográfica. Las grandes sólo buscan a los siguientes Arctic Monkeys. Y lo que queríamos era el control absoluto. No quiero exprimirme el corazón en un tema y luego ver cómo juegan con él un par de ejecutivos. No quiero oírles decirme: ‘Eh, esto tiene que sonar más como Coldplay, porque eso es lo que vendemos ahora’. Así que por eso creamos Ruffa Lane”, cuenta Andrew. La primera referencia de Ruffa Lane llegó en marzo de 2005 (la banda se había formado a principios de año), se llamaba “My Brittle Heart” (un primer beso azucarado de estribillo pegadizo: “honey, honey”). Le siguió “Lips Are Unhappy” (otro cariñoso rodeo al pop de los sesenta), un par de meses después. Durante el resto de 2005 giran sin parar hasta en Bangkok (donde eran recibidos como súper estrellas) y al año siguiente, lo que empezó como un juego acaba dando la vuelta al mundo: Japón, Australia, Alemania, Suecia, Estados Unidos y España editan su primer disco: “The Great Unwanted” (algo así como “Los indeseables”). ¿Contradictorio? No, más bien agridulce, como Andrew, y como las buenas canciones. “De hecho, el nombre de la banda viene de una frase hecha (‘Happy-go-lucky-soul’) que habla de gente a la que no le afecta lo malo que pueda pasarle, que son felices pese a todo”, dice. Y añade que esa frase resume el espíritu de la banda. “Fatalista y agradecido a la vez, no alegrándose demasiado con lo bueno pero tampoco desesperándose con lo malo, estoico, supongo, pero de un estoicismo casi optimista (aunque también pesimista por momentos)”, insiste Andrew. De ahí lo macabro de este par de versos: “It’s your body you can die if you want to”, que homenajean al “It’s My Party” de la tontorrona Lesley Gore. O el pesimismo autocomplaciente de “Ain’t Never Been Cool” (“Nunca voy a ser guay, nunca voy a ser de tu pandilla, no te podré dar palmaditas en la espalda ni un beso en la mejilla”). “Esa canción la escribí cabreado. Podría parecer que masajeo el ego del triunfador y que me río del que no es guay, pero es todo lo contrario. El guay es quien se ríe del listillo”, dice Andrew, que es el compositor de todos los temas de Lucky Soul: retro-pop sin conservantes, emparentado con la brillantina que usaba Danny Zuko y con los bailes de fin de curso yanquis. “¡No es la primera vez que comparan nuestra música con ‘Grease’! La verdad es que los musicales pueden ser terribles, pero ese no estaba del todo mal… Es música pop divertida y bien hecha”, admite el guitarrista y compositor, que suele utilizar los acordes de “Beauty School Drop-Out” para muchas de sus canciones. “Ivor siempre me canta el principio…”, ¿por qué no? ¿Es casualidad o estos días está resucitando un espíritu de los zapatos de charol y helados de fresa? “Siempre se está hablando de revivals y es normal, porque cada uno acaba haciendo la música que le inspira, así que coge algo que ya se ha hecho y le da la vuelta. Y entonces es cuando se habla de revival”, dice. En su caso, considera que “ha llegado el momento de dejar de ser tan cínico y empezar a divertirse”.
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