GEOGRAFÍA HUMANA
EntrevistasAntonio Birabent

GEOGRAFÍA HUMANA

Enrique Peñas — 13-09-2000
Fotografía — Archivo

ANTONIO BIRABENT: MÚSICO Y ACTOR ARGENTINO (HACE AÑO Y MEDIO PROTAGONIZÓ “LISBOA” CON CARMEN MAURA Y FEDERICO LUPPI) QUE RESIDE ENTRE MADRID Y BUENOS AIRES, AUNQUE CUANDO LEAS ESTO SEGURAMENTE ESTARÁ EN LA CIUDAD DEL RÍO DE LA PLATA, PROMOCIONANDO “ANATOMÍA”, SU QUINTO DISCO.

Aunque en España tan sólo conocemos éste y el sorprendente “Azar”, ambos editados por Subterfuge. “Lo cierto es que aquí soy un perfecto desconocido, y es normal porque mi música tampoco es tan accesible como para llegar a un gran público. Es una carretera... mesurada, de baja velocidad, pero ese es el camino que me interesa”. Birabent mide sus palabras, cuida su discurso, dibuja su particular rombo sobre los pentagramas de “Anatomía”. El susurro es su canal, con la forma de imperfectas canciones pop (paradójicamente perfectas en “Anatomía” –la canción- o “Aishteru”), recubiertas de electrónica, ahora en menor medida que en “Azar”: “Aquí se mezclan más los instrumentos tradicionales con las máquinas. Y no es un disco tan privado como “Azar”. Éste era exasperadamente íntimo, y no se trata de una crítica. Todo estaba muy medido, no había espacio para la casualidad, y “Anatomía” es más azaroso, aunque parezca contradictorio. Es un disco más comunista: participa más gente, hay voces femeninas, más instrumentos...”. Entre esas apariciones, la de Nacho Mastretta, tocando el acordeón en “Anatomía”. “Le da un aire muy melancólico a la canción, una nostalgia muy parisina”. Ambiente tanguero también; “sí, pero yo diría que es un tema muy europeo, muy cerca del pop de Franco Battiatto”. Y de Esclarecidos (sólo cambien el sexo de la voz), Lliso o el camino abordado por Javier Álvarez en “Tres” (o más bien el que marcó para él Suso Saiz). En cualquier caso, “más cerca del reino del pop que en “Azar”. Bueno, y en la producción escondo un poco las canciones, pero temas como “A Descansar” podrían ser interpretados perfectamente por Miguel Bosé”. Lugares comunes (orbitar, aishteru –“te amo en japones”-) que se repiten a lo largo de una lírica pulida y borgiana (“no sé cuándo, no sé cómo, pero yo ya estuve aquí” dice en uno de los momentos más acertados de su disco). También el proyecto de hacer un “Anatomix” en donde nombres ya habituales en estas lides (Carlos Jean, Mastretta –“que seguro haría una preciosa lectura de `Chica Panic Attack´”-, Big Toxic) remezclan los trece temas de este álbum, inconexo muchas veces (“Fugitivo”), pero siempre rico en matices (el drum‘n’bass de “Cuento Chino (hi)” es sólo un ejemplo). Mirando hacia el interior y grabado a medias entre Buenos Aires, Madrid y Barcelona, mayoritariamente “en casas, por lo que el tiempo no era nuestro enemigo, sino que como dice la canción de los Stones –“Time Is On My Side”-, el tiempo estaba de nuestro lado”. Tiempo lento, a media velocidad; un pop al que no estamos habituados, de difícil digestión. “Es un disco que necesita varias escuchas, pero en cualquier caso mi intención principal no es comunicar. Yo no hago canciones para comunicarme; para eso utilizo el teléfono”. Estaba claro.

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