“Sí, puede decirse que la banda nació como una especie de recreo, todos teníamos ganas de hacer algo distinto a lo que habíamos hecho hasta entonces y, bueno, sobre todo teníamos muchas ganas de pasarlo bien”, explica Alex, batería y pianista de la banda. Empezaron tocando en el Freebutt, una pequeña sala de Brighton por la que han pasado bandas como Lift To Experience o Yeah Yeah Yeahs, y en la que Eamon, cantante y guitarra, grabó un set acústico con repertorio de Brakes con Georg y Orri de Sigur Rós como banda de apoyo. Un par de años y unos cuantos conciertos después, les llegó la oportunidad de grabar su primer asalto, “Give Blood”, un disco de melodías huidizas (los temas apenas alcanzan el minuto y medio) y estilos para casi todos los públicos (sobre todo para los del punk, el pop y el country festivo).
| "Nos gusta de todo, quizá por eso el disco es tan diverso" |
“¿Que por qué las canciones son cortas? Pues no sé, porque son canciones, supongo. Una canción no tiene por qué ser larga. Si puedes decir algo en siete segundos no tienes por qué alargarlo a cinco minutos”, Tom (el otro guitarrista de la banda) se está refiriendo a “Cheney”, el corte número siete del disco que tan sólo dura siete segundos, un guitarrazo de ascendente noise que no pintaría nada en un disco de punk-folk, como le gusta considerarlo a Eamon, si no fuera porque “Give Blood” es un cajón desastre. “Nos gusta de todo, quizá por eso el disco es tan diverso. Pensamos que los estilos son estilos y las bandas, bandas, y que una cosa no tiene mucho que ver con la otra”, dice convencido Alex, al que secunda Eamon “no hay ningún estilo definitivo para Brakes, aunque me gusta eso de punk-folk”. “Give Blood” lo componen dieciséis canciones (entre las que destacan “Ring A Ding Ding”, “Heard About Your Band”, donde cualquier parecido con Pulp es pura coincidencia, la bailable “All Night Disco Party” y la bucólica versión del “Sometimes Always” de JAMC) que fueron grabadas en tan sólo cinco días y que se presentan en una especie de vinilo-CD rojo. “Somos fans del vinilo, realmente creemos que es el mejor formato”, explica Marc, el bajista. Tiene pinta de buen chico. Como el resto. No se ciñen a la norma punk de las pintas. Sólo Tom parece recién levantado y adorna su chaqueta negra con un par de chapas. Son buenos chicos, leen a Confucio y a John Kennedy Toole, y aunque consideran que “todo el mundo necesita frenos” (de ahí el nombre de la banda), pisan a fondo el acelerador.
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