Seguro que los seguidores de los grupos mencionados en el párrafo anterior se van a llevar una gran sorpresa, porque en este disco hay poco de punk folk. En cambio, hay mucho de cantautor, de soul e incluso una habanera. Dejemos que el propio Carles lo explique: “Creo que, desde la actualidad, somos un poco rígidos y exigentes con los géneros musicales. En los años 70 la mayoría de artistas que hacían folk también se atrevían con el rock y al revés. Lo de la habanera es una manera de dignificar y reinterpretar un estilo muy vinculado a Catalunya. Al final la idea de este disco y de este proyecto era hacer un poco lo que me diera la santa gana, con toda la libertad creativa sin imponer ningún límite. Tampoco sé hacia dónde me llevará este camino ahora, dejo todas las puertas abiertas”.
"Desde el principio me rodeé de cuatro magníficos músicos con los que hemos ido construyendo todas mis canciones"
Después de escuchar varias veces las canciones que componen “La Cova”, queda claro que el camino trazado no lleva solo hacia adelante, hacia el futuro, sino que hay mucha introspección, la exploración de un camino que vuelve para atrás. “El folk siempre ha formado parte de mi vida: desde niño, mis padres me han puesto muchísima de esta música y me han llevado a ver conciertos de este tipo. Simplemente pasa que, ahora, en mis 30, quería darle espacio a todo esto, que nunca había llevado a la práctica antes”. ¿La crisis de los 30? ¿O era de los 40? Qué mas da si el resultado es un conjunto de piezas tan especiales como estas. En Carlus reconoce desde el principio que el mérito no es únicamente suyo, sino que esto ha sido un esfuerzo colectivo, comunitario: "Desde el principio me rodeé de cuatro magníficos músicos con los que hemos ido construyendo todas mis canciones que traía a los ensayos. Soy consciente que mucha parte de lo bien que puedan sonar las canciones es gracias a ellos, por su apoyo, su involucración en el proyecto y su profesionalidad. A la vez, quise hacer mi primer álbum en familia así que invité a colaborar a amigos y amigas a las que quiero y admiro por la música que hacen y que han aportado un tinte característico al álbum: La Rauxa, El Pony Pisador, Ebri Knight, Ana Rossi, Ros, Golconda…”.
También la grabación del álbum fue un proceso especial, poco convencional: todos los participantes convivieron durante un par de semanas en una masía aislada en el Montnegre, durante las Navidades del año 2024. Como un Gran Hermano pero musical y navideño, y de buen rollo. En Carlus expone los motivos de cocinar así un disco como “La Cova”: “La sociedad es cada vez más alienante y individualista, lo mismo que está pasando en la música, y ya no solo en la forma de consumirla, sino también en la manera de producirla y grabarla. Muchas veces los diferentes músicos que intervienen en un disco ni tan solo se ven las caras en el estudio. Por eso rescaté una idea que veía en los documentales de las bandas de los años 70 que me parecía preciosa: aislar a toda la banda y todo el equipo en un mismo espacio en medio de la naturaleza para convivir y trabajar. Grabamos todos juntos intentando hacer el menor número de tomas posibles para reflejar la menor artificialidad posible”. Orgánico, natural y sincero son algunos de los adjetivos que se me ocurren para calificar esta obra, la cual está influenciada por artistas tan dispares como Shane McGowan de The Pogues, Ovidi Montllor o Simon & Garfunkel. En Carlus completa esta lista con unos cuantos nombres más (Woody Guthrie, Pete Seeger, Bob Dylan, Neil Young, Townes van Zandt, Billy Bragg, Víctor Jara, Marina Rossell, Raimon, Pau Riba, Maria del Mar Bonet) y, al final, me sirve en bandeja un buen titular para esta entrevista: “una canción sin raíces es una canción vacía, muerta”.
En este punto me atrevo a añadir que, para mí, una canción sin una buena letra también es una canción vacía. Carles comparte esta reflexión y, de hecho, ofrece unas temáticas variadas pero plenas de significado en sus textos. “Aunque “La Cova” no es un álbum conceptual, sí que hay un hilo conductor. Se trata de un viaje desde la oscuridad a la luz, desde las profundidades de nuestra propia cueva hasta la felicidad, la alegría, el éxtasis. Provengo de bandas en las que hacemos o hacíamos letras bastante políticas y mi propósito era, en esta ocasión, hablar más de mí. Pero, como dijo el poeta John Donne, ningún hombre es una isla: me preocupa mucho el contexto histórico que estamos viviendo, con el ascenso de la extrema derecha y los discursos de odio hacia los más vulnerables, el cambio climático y la destrucción de nuestra tierra, así como las guerras y el genocidio sobre el pueblo palestino. Sigue siendo responsabilidad de cada artista que tiene un micrófono delante y una sola persona que le escuche, denunciar estas injusticias”.

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