“Mi nombre es Whitey, soy músico y tengo treinta años. Estoy en esto desde hace mucho tiempo. Empecé como periodista, o sea que mi primer contacto con la música fue escribir sobre ella. Aunque antes de eso también me gustaba pintar graffitis, el electro y toda la cultura b-boy. Después descubrí los grupos de Sub Pop, Mudhoney y demás. Para entonces ya era periodista profesional, así que pude viajar mucho. Tras dejarlo, he estado metido en varios proyectos. No tengo que decir nada más sobre si mí", completa Nathan J. Whitey, británico y desconfiado aunque no tenga que ver una cosa con la otra. “¿Esto es para la radio? Ah, para una revista. No me gustan este tipo de cuestionarios…”. Glup. No sé si pedirle que se presente con sus propias palabras a un músico cuyo nombre aún no ha trascendido a las paginas musicales de por aquí es de cuestionario de verano o de Trivial Pursuit, de lo que se trata es de establecer una primera toma de contacto tras su reciente y muy interesante “The Light At The End Of The Tunnel Is A Train” y un par de visitas al Razzmatazz que muy poca gente vio. Veremos qué pasa en el titánico Primavera Sound y cuál el jugo que este blanquito le saca en directo a unos instrumentos que parecen haber sido grabados en una cueva: guitarras sucias, bajos que suenan como motores de camión, programaciones de la era kraut y otros residuos sónicos. “Future rock´n´roll”, según ha dicho el propio Whitey.
| "Pero lo único en lo que se parece mi álbum al de LCD Soundsystem es que él lo acaba de terminar y yo lo acabo de terminar. Y para ahí, tío" |
Por lo pronto, puede presumir de ser responsable del artefacto doméstico libérrimo del año. “Creo en la independencia y me gusta la música casera. Si hacer un disco es algo que cuesta mucho dinero, tener otras posibilidades es bueno. Ayuda mucho poder grabar en tu casa, en el garage de algún amigo o en cualquier rincón. Muchas de las canciones de este disco las he hecho así, sólo con un cuatro pistas”. Él solito se ha encargado de casi todo en “The Light At The End…” –grabar, producir y tocar al menos ocho instrumentos– y Sean McLusky (promotor que dio a conocer a The Libertines y The Yeah Yeah Yeahs en las Islas Británicas) lo ha lanzado y puesto en coordenadas desde su sello 1-2-3-4 Records. Para el directo, Whitey se deja acompañar por Julian Shah-Tayler (Drink Me), Patrick Walden (Babyshambles, The White Sports) y Wildcatwild Will (responsable de algunas baterías del disco), “lo que me permite centrarme en la voz”. Una voz, por cierto, que es como la del que canturrea en medio de una tormenta, el silbido que hay que seguir en plena tempestad sonora. Muy shoegazer, vamos. Whitey ataca, que para eso está guerrillero hoy. “Eso depende de cada canción: a veces no es más que otro instrumento, a veces está ahí para perseguir un sentimiento, un significado. Las cantaría más alto si quisiese que ese significado fuera más obvio. Mis letras hablan del paso del tiempo, de permanecer en un lugar, de los remordimientos, de gente egoísta. Tipos de personas. Ya sabes, he trabajado en una revista, ja, ja. ¡Ups, perdón!”. Junto a The Jesus And Mary Chain, My Bloody Valentine y otros miembros de la cuadrilla del white noize, “The Light At The End…” también rinde cuentas a otras esquinas de la amplia cultura musical de ayer y hoy que maneja nuestro protagonista: el single “Leave Them All Behind” está entre Ride y Joy Division; “Y.U.H.2.B.M.2” podría colar en los dos últimos álbumes de Primal Scream, puro disco-inferno; o “A Walk In The Dark”, Beck en un disco de homenaje a la new wave. En “Can´t Go Out, Can´t Stay In” invita a Kraftwerk a jugar con un estribillo de Belle & Sebastian; “Halfway Gone” muestra con orgullo las pasadas filiaciones emo de su creador; y “Nonstop” se mueve por un psycho-rock cercano a los estupendos Clinic. Y descansemos un momento para soltar una generalización de periodista: hay mucho de homenaje en los álbumes de ciertos músicos que asimilan influencias como esponjas y se mueven como pez en el agua en un estudio. Me consta que no soy el primero que escribe en la misma línea los nombres Nathan J. Whitey y James Murphy, aka LCD Soundsystem, aka El Hombre del Año. Pero Whitey ha venido aquí a hablar de su disco. “Eso sólo es relevante porque él ha estado trabajando en su álbum dos años y yo he estado trabajando otros dos en el mío. Ambos discos han salido al mismo tiempo, es sólo una cuestión temporal. Pero lo único en lo que se parece mi álbum al de LCD Soundsystem es que él lo acaba de terminar y yo lo acabo de terminar. Y para ahí, tío”. Doble glups.
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