De paseo con el loro
EntrevistasArmand Van Helden

De paseo con el loro

Javier López — 15-10-2007
Fotografía — Archivo

Un ghettoblaster es un loraco chanante, de los de asa, de los del paseo farruco con los colegas, de esos con los que posaba LL Cool J. “Ghettoblaster” (Southern Fried/PIAS) también es el título del último disco de Armand Van Helden, la sucesión del también excelente “Nympho” (SFR, 05) en el que vuelve a poner el house al servicio del viejo hip hop.

“Valoro más que un tipo de la calle me diga que le ha gustado mi disco que mi equipo de management me informe de que he sido número uno en Gran Bretaña”. Al bueno de Armand Van Helden ya le resbalan las críticas y el mercadeo. Él es un currela enamorado de su causa. Lleva desde los quince años quemando cabina y yema, y produciendo y remezclando desde 1991 (su primera referencia fue un remix de “Stay On My Mind” de Deep Creed en Nervous Records). Más tarde, en 1994, comenzó a dejar huella en Strictly Rhytm, sello recién devuelto a la vida de la mano de Defected. Su primera referencia fue “Witch Doktor”, un clásico del house que le abrió la puerta a colaborar con artistas de la talla de New Order y Faithless.

"El sexo es mi mayor inspiración a la hora de hacer música de baile, porque en las fiestas buscas eso: sexo"

Luego vendrían sus remixes para The Rolling Stones, Britney Spears o Daft Punk y la factura de auténticos himnos como “My My My”, “Phunk Phenomena” y “U Don´t Know Me”. Y es que lo que de verdad le mola a Armand Van Helden a parte de las titis (echad un ojo a la cantidad de amigas de amplias caderas de las que presume en su MySpace), es currar. Meterse en su estudio y producir lo que él mismo denomina “party records” y pertrechar remixes fetén. “Acabo de terminar un remix de ´Asleep´ de Simian Mobile Disco”, afirma por teléfono desde su casa en Nueva York, dos semanas después de su actuación en el FIB. El precursor del hip house reconoce que trabaja a través de su instinto. “Hacer un disco es algo instintivo, irracional... Mis discos no son complicados, no tienen un componente, digamos, inteligente. Yo sólo hago canciones y no me planteo muchas cosas mientras las estoy haciendo… Cuando están acabadas evalúo si son buenas o no a través de la reacción de la gente”. Los seguidores pueden poner buena cara ante “Ghettoblaster”, el sexto álbum de Armand Van Helden (arreglado, producido y mezclado por él mismo). Un trabajo que, salvando las distancias, parece creado en los ochenta. La nueva entrega del bostoniano está trufada de sintetizadores, bombos gordotes, pegadizas líneas de bajo, vocales hip y contínuas referencias al viejo sonido de Miami, al house de Chicago, al New York de Afrika Bambaata... “Busqué este sonido de forma intencionada. Desde el primer momento me planteé hacer un disco que sonara como el electro de los últimos ochenta, pero con un componente más funk y soul que rap”. Pese a lo que diga, los fraseos hip hop siguen ahí: en la brutal “Touch Your Toes”, de la mano de Fat Joe y BL; y en “This Ain´t Hollywood”, por cortesía de Lemay. “Básicamente, el objetivo que me marqué fue recuperar el espíritu de la música que se hizo entre 1985 y 1989 en Nueva York”. Pero “Ghettoblaster”, más que un ejercicio revivalista, es un homenaje a aquella época, la de la juventud de Van Helden, la que forjó su personalidad musical, aquella en la que se enamoró del buen hacer de Todd Terry. “Mis mayores referentes al componer este disco han sido los grandes productores de aquellos días: Arthur Baker, Stock Aitken And Waterman, Jellybean Benítez...”. Como en todos los trabajos de Van Helden las fronteras entre el house de raíces y el hip hop old school se diluyen, consiguiendo forjar un trabajo que se baila en cada corte (“NYC Beat”, segundo single y posiblemente el track más pistero; la bailonga “Go Crazy!”, cantada por Majida, las cachondas voces secuenciadas de “All Night”...). Y es un disco muy sexy, de los de arrimar la cebolleta. “Todo el mundo hace música por diferentes razones. Yo hago música provocativa, la gente me escucha para abstraerse, por eso hago ´party records´ (discos de fiesta). El sexo es mi mayor inspiración a la hora de hacer música de baile, porque en las fiestas buscas eso: sexo”. Ese es mi Armand. “Sí, el ochenta y cinco por ciento de mis temas son para mover el culo…”. Esto es una definición como Dios manda, y no la del new rave. “Creo que la palabra new rave es un término equivocado. Si la utilizan para etiquetar a los nuevos artistas electrónicos, me parece equivocada. ¡La música rave es otra cosa! Es lo que hacían Prodigy en sus inicios…”. El de Boston no está muy por la labor de hablar de su disco, pero a la hora de razonar sobre su papel en la música de baile, el tío disfruta. “Yo no hago música para Ibiza o música dance, aunque alguna vez me hayan querido meter en ese saco. Llevo en esto desde 1991, pronto cumpliré veinte años haciendo música… Yo trabajo para dejar un legado. Muchos artistas entran en la escena electrónica siendo un hype. Salen en las portadas de las revistas, recorren todos los festivales… Pero muchos sólo duran tres años y luego no vuelves a saber nada de ellos. Por ejemplo, mira lo que pasó con Mylo. A mí me gusta Mylo, hace tres años todo el mundo alucinaba con sus temas pero ¿por qué nadie habla ahora de él?”. Y remata: “Por eso creo que mi papel en la música de baile es demostrar que se puede hacer una carrera y mantener una regularidad”. Parece que mientras Southern Fried Records, el sello de Norman Cook, siga editando sus discos, Armand Van Helden seguirá siendo ese gran productor autónomo y seguro de si mismo. “No hay nadie que me diga: ´este beat debería sonar de otra manera´, ´este bajo no mola´. Nadie me supervisa, yo tengo todo el control y responsabilidad sobre mi trabajo. A Norman le parece perfecto. Yo hago la música, se la entrego y él edita el disco. Así de fácil”. Eso es un jefe.

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