DE CINE
EntrevistasArling & Cameron

DE CINE

Redacción — 27-02-2001
Fotografía — Archivo

ARLING & CAMERON, ACTIVISTAS DE LA ESCENA CLUBBER HOLANDESA, COLABORADORES DE LA FACCIÓN MÁS COOL DEL POP NIPÓN (CORNELIUS, PIZZICATO 5 O FANTASTIC PLASTIC MACHINE), PINCHADISCOS SOLICITADÍSIMOS EN VARIOS CONTINENTES Y AGITADORES NOCTURNOS DE LA CAPITAL DE LOS PAÍSES BAJOS, ACABAN DE ENTREGAR "MUSIC FOR IMAGINARY FILMS" (PIAS/EDEL, 00), UN PARTICULAR PULSO AL ABURRIMIENTO CON COARTADA CINEMATOGRÁFICA.

En él, a través de todos los géneros imaginables (el jazz, el cine negro, el camp pop, la nouvelle vague, la música contemporánea, el thriller romántico, la blaxploitation, la disco music, la bossa, las soap operas sudamericanas...) y con ánimo más lúdico que iconoclasta, proponen un paseo alucinado por el reverso feliz de la electrónica. Un paseo de fácil digestión, que difícilmente cansa y que nos pone sobre la pista de sus inabarcables inquietudes artísticas. "El otro día estuve en Madrid y fui al Museo del Prado. Creo que Velázquez es mejor pintor que Goya. Goya no era tan bueno, parece que deja los cuadros a medio terminar. Acabé bastante harto de tanta caminata, aunque me ha servido para descubrir a Ribera, otro gran pintor español", asegura un hablador Richard Cameron al otro lado del hilo telefónico. Quiere dejar claro desde el principio cuáles son la pretensiones de un dúo perpetuamente enamorado de la cultura pop que prefiere que la única protagonista sea la música. "Nuestra música es distinta conceptualmente. Normalmente los grupos de pop o el artista son el foco de atención. Pero nuestra música no nos refleja a nosotros como personas, sino que proyecta imágenes concretas en cada canción. Eso es lo que nos interesa, no que Gerry Arling y Richard Cameron sean los autores de esa canción".

"Pero nuestra música no nos refleja a nosotros como personas, sino que proyecta imágenes concretas en cada canción"

Un dúo que comenzó su andadura a mediados de los noventa organizando fiestas en Amsterdam, con ciertas premisas conceptuales como punto de partida, que luego se veían desarrolladas en el transcurso de la sesión. "Primero hacíamos fiestas en las que sonaba básicamente música antigua de discos que encontrábamos en tiendas de la calle y de segunda mano. No queríamos fortalecer la figura del pinchadiscos, porque las sesiones de pinchas a mediados de la década pasada eran algo aburrido y demasiado serio. Estábamos aburridos del house y pensamos que con todos esos discos viejos y algo de electrónica podíamos crear una nueva música". Esas pretensiones se han visto plasmadas plenamente en este disco, un compendio de temas centrales plagado de guiños estéticos que ponen de manifiesto su condición de conocedores compulsivos del pop art ("Yo soy pincha porque me encantan los discos. Salgo a buscar y comprar discos nuevos todas las semanas. Me obligo a ello"- dice Richard sin jactarse) y que les aleja -aunque pueda parecer lo contrario- de cualquier intención crítica o reivindicativa. "Claro que en el disco hay sentido del humor, pero no se trata sólo de eso. Lo que más nos interesa es la musicalidad y las melodías. Sí es cierto que estamos cansados del fashion y las tendencias de la escena de clubes, pero es lógico que esto sea así, porque ya no tenemos dieciocho años y ya hemos vivido muchas fiestas. Pero entiendo que cuando eres muy joven y descubres ese tipo de vida todo sea nuevo para ti y te parezca lo mejor. No queremos mandar ningún mensaje, cada cual tiene que descubrir las cosas por sí mismo".

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