La canción que da título al quinto trabajo de estudio de los catalanes Crim, “Futur Medieval”, hace referencia a la involución de nuestra sociedad, a la brutalidad y la pérdida de humanidad que se impone de manera inexorable sin apenas resistencia. El resto de las canciones siguen esa misma línea y juntas dibujan un retrato sociológico de nuestro entorno tan triste como demoledor. Porque abordan el problema del acceso a una vivienda digna, la imposibilidad de tirar adelante un proyecto vital con unos salarios tan bajos, la trampa de la cultura del esfuerzo y el peligro de las relaciones tóxicas, entre otros temas. “Nos hemos quedado cortos, porque esto solo es una parte de algo mucho más tocho”, puntualiza su cantante y guitarra, Adrià Bertrán.
Para los cuatro Crim, este futuro medieval ya está aquí, en un presente distópico aterrador. A diferencia de la portada, con robots gigantes armados con guadañas dispuestos a rebanar cabezas de humanos, sus canciones encuentran la inspiración necesaria en situaciones bastante más cotidianas. Esto es terror costumbrista. “No nos gustan los eslóganes fáciles. Las doce nuevas canciones del disco se basan en experiencias personales, hablan de nosotros y de personas que conocemos”, subraya el batería de la banda, Marc Anguela, quien espera que estas letras puedan encender una pequeña chispa revolucionaria en sus oyentes. “Ojalá sirva para despertar cierto pensamiento crítico, las ganas de hacer las cosas de una manera diferente —continúa el batería—, que es justo lo que nos pasó a nosotros de adolescentes escuchando a ciertas bandas”.
"Es increíble que hayamos llegado hasta aquí”
“Siempre hemos cantado un poco eso de ‘Madre mía, lo que viene’ y ahora es un ‘Ya ha llegado’”, interviene el guitarrista de la banda, Quim Mas, sobre las letras, las más colaborativas de la carrera de Crim con diferencia. Y es que esta vez Adrià, el letrista principal de la banda tarraconense, autor de una buena pila de himnos de punk rock en catalán, enormes como “Benvingut enemic” y “Castells de sorra”, contó con la ayuda de sus compañeros de banda. Los cuatro Crim pasaron tardes enteras escribiendo. “Primero seleccionamos los temas de los que queríamos hablar y eso nos ayudó a enfocar”, destaca el cantante, quien no niega el carácter especialmente misantrópico de las letras de este nuevo largo.
Por este quinto disco producido una vez más por el infalible Santi García (Ultramarinos Costa Brava) desfilan personajes como gurús de poca monta (“Ésser de Llum”), parásitos sentimentales (“Festa d’una persona”), criptobros violentos con ideologías de otra época (“L’aula dels Dofins”) y odiadores profesionales que se creen los guardianes de la pureza. Estos últimos son los protagonistas del primero de los adelantos del disco, “Carnets de punk”, acaso el corte más llamativo en la primera escucha. “Habla de una persona que todos conocemos, pero de nadie en concreto. No sé, la idea era generalizar un poco, sobre todo para no entrar en el morbo”, aclara el cantante de una banda amada y envidiada a partes iguales. ¿Una banda de punk rock como Crim puede tener éxito y seguir siendo merecedores del distintivo punk rock? Evidentemente sí, pero no todos piensan igual. “Supongo que cuando a un grupo le va bien, pues pierde el romanticismo de cuando pensabas que solo era tu grupo favorito”, añade Quim, quitándole hierro al asunto. Musicalmente, “Carnets de punk” fue un primer adelanto tan extraño como aplastante, y era justamente eso lo que buscaban. “Fue uno de los primeros temas que cerramos, pero también era la más diferente del disco y pensemos que estaría bien salir con algo diferente”, razona el bajista, Javi Dorado.
Cierran el disco con una versión de “Presó Mental” de Kitsch, una banda de afterpunk en catalán incomprendida en los ochenta con la que se sienten identificados. Los de Banyoles no tenían nada que ver con las bandas que triunfaban durante el auge del llamado rock en catalán, pero hicieron su camino y se convirtieron en una banda de culto muy respetadas. “Hace años, cuando nosotros empezamos a tocar —rememora Quim—, tampoco había muchos referentes de grupos en catalán con guitarras que nos motivaran. Kitsch sí, y es algo que hemos hablado varias veces”. En esas están los tarraconenses, haciendo su camino, escribiendo su propia historia.
Los cuatro tienen otros trabajos porque vivir del punk rock en catalán, ahora mismo, al menos cuando escribo este artículo, está muy complicado. ¿Será posible en un futuro medieval? “Un grupo como nosotros en Catalunya, cantando en catalán, será siempre así. De hecho, es increíble que hayamos llegado hasta aquí”, enfatiza Marc, miembro de una banda que valora al máximo su independencia y libertad, poder ser ellos mismos y seguir haciendo lo que quieren con la ayuda de la promotora HFMN y sellos como B-Core Disc y Pirates Press Records.
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