“Stereos, not stages!”, o algo así como: “¡reproductores de música, no escenarios!”, es el grito de guerra de Faris Nourallah desde que abandonó el grupo que tenía junto a su hermano Salim (Nourallah Brothers) después de dar más de trescientos conciertos al año por todo el estado de Texas, “comiendo basura, durmiendo poco para coger el coche hacia ninguna parte”. Ya hace más de cuatro años que Faris tomó esa decisión, y desde entonces ha vivido voluntariamente encerrado en su casa-estudio de Dallas, componiendo y grabando un buen puñado de canciones memorables que han aparecido en sus cuatro discos de estudio, de los cuales el último es el que nos ocupa.
| "Cada vez me es más cómodo escribir canciones con mi piano" |
“Empecé a escribir este disco antes de terminar el anterior, ‘King Of Sweden’ (Western Vinyl/Green Ufos, 05). Acostumbra a pasar que después de publicar un nuevo álbum esté meses sin escribir nada. En esos momentos yo tenía algunos problemas que debía exorcizar mediante la música: estaba con una mujer pero quería a otra. Echaba de menos a seres queridos que se habían marchado, preguntándome por qué tenían que irse ellos antes que yo. Me planteaba constantemente por qué no podía esperar menos de la vida. Así que aproveché el momento y escribí este álbum”. Curiosamente, el nuevo disco de Faris ha aparecido primero en Europa gracias a Awful Bliss, discográfica italiana que se ha decidido a publicarlo. “El título del disco es una referencia al amor. Un amor que, aunque sea útil como los transistores puede dejarnos un sentimiento frío. Decidí titularlo en italiano como agradecimiento a los chicos de Awful Bliss, pero también porque suena mucho mejor que en inglés”. Aunque Faris se declare enamorado de la lengua de Petrarca y Dante ni una línea del presente álbum ha estado escrita ni cantada en esta lengua: de momento, el monolingüismo inglés permanece intacto, aunque las letras de las canciones se decanten, en este caso, por narrar momentos tristes, desolados y hasta en algún caso fúnebres. “Mis nuevas canciones son un reflejo de lo que me pasa, y si a veces suenan melodramáticas es porque yo lo soy bastante. Mi naturaleza es la del optimista pesimista: alguien para el cual las dos mitades que lo forman son de idénticas proporciones. Tan pronto como el vaso se llena se vacía rápidamente”. ¿No es ésta una respuesta más propia de un pesimista que de alguien supuestamente en equilibrio? En la última canción de “Il Suo Cuore Di Transistor” –titulada “(Don’t Smoke)”- Faris aporta un matiz a su anterior declaración que demuestra por qué sus vasos siempre están medio vacíos. “He intentado dejar de fumar varias veces. Cuando empiezo a sentirme mejor vuelvo a empezar, y creo que es porque cada vez que bebo algo quiero fumar un cigarrillo. Quizá debería empezar por dejar de beber. Son dos adicciones estúpidas que pueden llegar a matarte, pero pueden ser tan divertidas…”. En sus respuestas Faris vacila constantemente y parece no llegar a ninguna conclusión. Probablemente sea el resultado del mismo carácter instintivo con que dice escribir y grabar sus canciones. “Si no las grabo justo cuando acabo de pensarlas se me olvidan”, reconoce en una ocasión, aunque a lo mejor se trate de un arranque de falsa modestia. “Puedo pasarme un mes o dos sin escribir absolutamente nada y de improvisto, ¡bam!, me salen cinco canciones de golpe”. Hayan sido más o menos instantáneas, las quince nuevas muestras del universo Nourallah –que lo hay– complementan y engrandecen su particular forma de entender la música, que es igual de caótica que una de las mejores canciones del disco, titulada precisamente “Chaos”. “Es uno de los pocos temas que he grabado dos veces. La primera fue en invierno de 1999, mientras mi primera esposa dormía en la habitación de al lado de la mía, en Portland. Tiene un sintetizador que parece una trompeta mexicana, y es extraño que éste sea un elemento que aparezca tan poco en mi música, puesto que crecí en El Paso (Texas), ciudad muy próxima a la frontera...”. No es ésta la única novedad que encontramos en “Il Suo Cuore Di Transistor”. “Don’t Kiss” acaba con un guiño a las raíces árabes de Nourallah, y “Black Car” incorpora elementos de la música disco más rudimentaria, pero es la presencia dominante de los medios tiempos de piano lo que sorprende más. También para eso tiene una respuesta. “Cada vez me es más cómodo escribir canciones con mi piano, aunque este año he pasado muchos meses sin él y he tenido que volver a la guitarra. Mi próximo disco va a ser más compensado que éste. Se va a titular ‘Give And Take’, y va a incluir algunas canciones que toqué con mis sobrinos en Navidad. ¡Fue tan divertido!”.
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