| "Muchos músicos pop se toman demasiado en serio, cuando el propio Johann Sebastian Bach se consideraba a sí mismo un mero instrumento" |
Investigadores virtuales y artísticos por vocación, su entorno está repleto de perspectivas y aproximaciones visuales, que van desde la fiesta de presentación del disco en Amsterdam a través de una exposición de artwork relacionado con el lanzamiento (pruebas de portadas, impresiones de Pro-Tools...) pero sin música, hasta el trabajo que están desarrollando con AC/3D, dos alter egos que, en dos o tres meses, piensan incorporar a sus shows desde una pantalla. “Si bajan los costes, creo que en ese tiempo podremos hacerlos hablar tres o cuatro minutos. La idea es que en cinco o seis años ellos hagan todo el concierto desde la pantalla y nosotros ni salgamos al escenario. ¿Aburrido? Para nada, la música será nuestra y el resto depende de las imágenes. ¿No se queda la gente mirando a Dj’s estáticos, algo impensable hace sólo diez años?”. Claro que esa pasión también les lleva a incorporar a David Copperfield en su larguísima lista de agradecimientos. No pude resistirme a preguntar. “Es que es un enorme creador de ilusiones, principal aspecto de un artista, y eso lo convierte en grande” (¿para cuando un grupo español tributando a Juan Tamariz?). Su mixtura electrónica de lounge cinematográfico y para performances, dance, chicle-pop Japan style, tecno-pop de los primeros ochenta y clubbing contemporáneo trascenderá tanto como ellos esperan o no, pero A&C parecen músicos-artistas que realmente, y no sólo para epatar, consideran su obra un todo conceptual y viven para ella. “Por eso nos gustan las nuevas tecnologías, porque te dejan aún más tiempo para ser creativo. Y encima en estudio siempre hay alguien que se molesta en usarlas para ti”. Lo dicho: modernos puede, pero de tontos ni un pelo. Siempre han sido una cosa y jamás la otra. Su álbum anterior (“Music For Imaginary Films”) contaba con la participación de numerosos colaboradores, instrumentos clásicos y varios temas que fueron usados en anuncios de televisión, series como “The Sopranos” y películas como la segunda parte de Austin Powers. Cada tema recreaba una pequeña banda sonora individual y apuntaba la pasión del grupo por la imagen. De sacar adelante su nuevo proyecto, su música podrá entenderse casi como un apoyo a sus artes escénicas y audiovisuales, más que al contrario. Richard lo tiene claro: “siempre solemos empezar nuestras composiciones a través de una idea visual”. En fin, una nueva muestra de retro-futuro, avanzando por el camino performer que iniciaron Andy Warhol y la Velvet Underground en sus primerísimas apariciones en la Film-Makers Cinematheque neoyorquina. Arte como expresión de un concepto elaborado -aunque parezca una expresión manida y superada- y la música como una parte más de ese concepto. Y todo ello sin caer en el gran agujero de la electrónica vana, banal y vacía, la que se olvida del concepto canción. No sé, cuanto más lo pienso más creo que Arling & Cameron, estos dos holandeses que quieren parecer robots (o sea, como Ronald Koeman cuando jugaba, vamos) han sido capaces de convertir en obsoleta e inútil aquella máxima de que no se puede estar a la vez en misa y repicando.
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