COCINEROS ANTES QUE MODERNOS
EntrevistasArling & Cameron

COCINEROS ANTES QUE MODERNOS

Redacción — 23-10-2001
Fotografía — Archivo

Su nuevo disco, “We Are A&C” (Emperor Norton/Pias, 01) es un manual de cómo usar todas las tecnologías que permiten los tiempos sin perder el alma profunda de las canciones. Aunque se les acusa de intrascendentes, como a tantos grupos de la escena del pop de baile, Richard Cameron es muy capaz de confeccionar una teoría sin desperdicio al respecto de la inmediatez o no de la música electrónica. “Yo antes era cantautor y todas mis canciones hablaban de mí. Por supuesto, era todo más personal e introspectivo. Pero la música ha de dejar de hablar de uno mismo y hacerlo del resto del mundo, debe convertir sentimientos personales en conceptos generales y hacérselos entender al público. La mejor música jamás habla de su creador. Muchos músicos pop se toman demasiado en serio, cuando el propio Johann Sebastian Bach se consideraba a sí mismo un mero instrumento. La buena música ha de ser multidimensional”. Sin despeinarse, Cameron se acaba de cargar a varias generaciones de grandes, desde Bob Dylan y Hendrix a los Smiths y los Go Betweens pero al menos es capaz de argumentar una idea sobre sí mismos, no sólo decir aquello tristemente tan habitual de ‘hacemos lo que nos sale’.

"Muchos músicos pop se toman demasiado en serio, cuando el propio Johann Sebastian Bach se consideraba a sí mismo un mero instrumento"

Investigadores virtuales y artísticos por vocación, su entorno está repleto de perspectivas y aproximaciones visuales, que van desde la fiesta de presentación del disco en Amsterdam a través de una exposición de artwork relacionado con el lanzamiento (pruebas de portadas, impresiones de Pro-Tools...) pero sin música, hasta el trabajo que están desarrollando con AC/3D, dos alter egos que, en dos o tres meses, piensan incorporar a sus shows desde una pantalla. “Si bajan los costes, creo que en ese tiempo podremos hacerlos hablar tres o cuatro minutos. La idea es que en cinco o seis años ellos hagan todo el concierto desde la pantalla y nosotros ni salgamos al escenario. ¿Aburrido? Para nada, la música será nuestra y el resto depende de las imágenes. ¿No se queda la gente mirando a Dj’s estáticos, algo impensable hace sólo diez años?”. Claro que esa pasión también les lleva a incorporar a David Copperfield en su larguísima lista de agradecimientos. No pude resistirme a preguntar. “Es que es un enorme creador de ilusiones, principal aspecto de un artista, y eso lo convierte en grande” (¿para cuando un grupo español tributando a Juan Tamariz?). Su mixtura electrónica de lounge cinematográfico y para performances, dance, chicle-pop Japan style, tecno-pop de los primeros ochenta y clubbing contemporáneo trascenderá tanto como ellos esperan o no, pero A&C parecen músicos-artistas que realmente, y no sólo para epatar, consideran su obra un todo conceptual y viven para ella. “Por eso nos gustan las nuevas tecnologías, porque te dejan aún más tiempo para ser creativo. Y encima en estudio siempre hay alguien que se molesta en usarlas para ti”. Lo dicho: modernos puede, pero de tontos ni un pelo. Siempre han sido una cosa y jamás la otra. Su álbum anterior (“Music For Imaginary Films”) contaba con la participación de numerosos colaboradores, instrumentos clásicos y varios temas que fueron usados en anuncios de televisión, series como “The Sopranos” y películas como la segunda parte de Austin Powers. Cada tema recreaba una pequeña banda sonora individual y apuntaba la pasión del grupo por la imagen. De sacar adelante su nuevo proyecto, su música podrá entenderse casi como un apoyo a sus artes escénicas y audiovisuales, más que al contrario. Richard lo tiene claro: “siempre solemos empezar nuestras composiciones a través de una idea visual”. En fin, una nueva muestra de retro-futuro, avanzando por el camino performer que iniciaron Andy Warhol y la Velvet Underground en sus primerísimas apariciones en la Film-Makers Cinematheque neoyorquina. Arte como expresión de un concepto elaborado -aunque parezca una expresión manida y superada- y la música como una parte más de ese concepto. Y todo ello sin caer en el gran agujero de la electrónica vana, banal y vacía, la que se olvida del concepto canción. No sé, cuanto más lo pienso más creo que Arling & Cameron, estos dos holandeses que quieren parecer robots (o sea, como Ronald Koeman cuando jugaba, vamos) han sido capaces de convertir en obsoleta e inútil aquella máxima de que no se puede estar a la vez en misa y repicando.

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