Después de actuar en Barcelona, podrás verle en Elche (4 abril, La Matinal), Madrid (30 abril, Sala But; Sound Isidro) y Tenerife (4-5 septiembre, PHÉ Festival).
Que España es muy de su península es algo que sabemos de sobra. Fijémonos en el mapa meteorológico que aparece al final del telediario. ¿Qué vemos? Además de una masa terrestre central, rodeada de agua y conectada a Europa por el norte, las Islas Baleares. Luego asoma la cabeza un recuadro esquinero —de posición variable según la cadena que lo emita— en el que figuran las Islas Canarias, recordándonos su pertenencia a la geografía española. Ahí, a cien kilómetros del continente africano, Choclock se crio y empezó a relacionarse con la música. Hasta que, por suerte o por desgracia, su simbiosis con ella se formalizó tanto que se vio obligado a cambiar el Teide por el Retiro. Mas, no hay mal que por bien no venga, porque a punto de cumplir la década en la industria acaba de completar su discografía tras publicar “Dame Más Tiempo”, su primer EP después de cuatro álbumes. Charlo con él a propósito para que me cuente detalles, anécdotas y curiosidades, entre otras cosas. “Cuando saqué mi cuarto álbum ya estaba metido en otro, buscando darle un giro de ciento ochenta grados al proyecto. Dígase a nivel visual y sonoro. Hasta la fecha había producido trabajos muy juguetones. Con ‘DMT’, en cambio, pretendía renovar mi forma de componer autoinvitándome a explorar un sonido más maduro. Eso, lógicamente, afectó a mi imagen; se tornó cruda. Decidí decantarme por el formato EP porque creí que sacar quince canciones de golpe sin que tuvieran conexión alguna con lo publicado anteriormente sería una fumada mental. De ahí que eligiese cerrar el año con algo breve a modo de transición y fluir hacia una nueva etapa”.
Asociar “Dame Más Tiempo” a una continuación de “Daltónico Pero Me Siento Azul” (25) es dar un paso en falso. Parece lo más razonable dada la cercanía entre ambos, pero suscribiendo las palabras del propio Choclock no es exactamente así. Él dice entenderlo como un interludio; la llave que abre la puerta a un mundo nuevo. En este sentido, y teniendo en cuenta que su intención inicial era enfocar las cosas de manera distinta, quiso distanciarse de “esa forma muy suya” que tiene de escribir. Al hacerlo, se encontró a sí mismo explorando temáticas vírgenes con la voluntad de otorgar a su música el don de la atemporalidad. “Perseguía la ambigüedad a través de conceptos complejos, pero digeribles. Siempre he sido muy directo; si te hablo de ‘x’ te hablo de ‘x’. Esta vez no. Quise que todo quedase en el aire; libre interpretación. Gracias a mi afán por conseguirlo he logrado circular por derroteros alternativos enfrentándome a cosas mucho más intensas”. Sobre esta última afirmación, queda claro el protagonismo que ha tenido el diálogo interior. A él se vinculan las intimidades-semilla que han florecido en el susodicho cuarto de hora que Sergio define como “mis canciones más especiales”.
No obstante, ¿cómo uno halla la comodidad para hablar de lo personal? Considerando su modus operandi, luce que la clave está en escribir a caballo entre realidad y ficción, edulcorando la primera con la segunda. “No hay que tomárselo todo al pie de la letra. En ocasiones encuentro inspiración en situaciones totalmente ajenas a mí. Entregar tu vida al público es delicado; ventilas toda tu privacidad. El secreto está en encontrar un equilibrio. Mezclar tu vida personal con la música puede ser un combo explosivo”. Nadie mejor que él para decirlo. Porque si retomamos justamente el inicio del párrafo anterior, recordaremos que ya ha vivido una de las consecuencias de fusionar lo personal con la carrera profesional: alejarte de tus raíces. Encarnar un cambio radical. “Recuerdo mis primeros días en Madrid como algo brutal. La novedad te genera un montón de dopamina. Te ves en la capital rodeado de grandes oportunidades. Con el paso del tiempo, sin embargo, te agotas. Las metrópolis son muy hostiles y tener que decir adiós al lugar en el que quieres morir es un poco triste. En mis planes está volver y trabajar esporádicamente en Madrid. Uno no puede dejar de lado su vida por el trabajo”.
Sea como sea, dudo que dicha odisea transmarina no haya valido la pena. Sólo hay que ver lo orgulloso que se muestra al ser preguntado por el impacto que ha tenido este nuevo trabajo en su presente inmediato, cuyo proceso podría ilustrarse como un asalto entre la creatividad circular y el trabajo en la incertidumbre. Reinventar y descubrir. “A ratos fue frustrante. Es lo que tiene el caminar a ciegas. No sabes exactamente qué te falta o por qué algo no funciona, pero cuando consigues hacerlo funcionar piensas: ‘¡Dios, qué auténtico es esto!’. Al no intentar emular nada preexistente, cogiendo pinceladas de cosas que te gustan y ponerlas en otros contextos, terminas creando algo distinto. Es curioso porque he rescatado referencias que escuchaba en mi adolescencia: Kanye West, Frank Ocean, A$AP Rocky, Bon Iver… Los he metido a todos en una batidora y ha salido esto. Referirse al último trabajo que se acaba de hacer como el más especial es algo que siempre se piensa de uno mismo, pero en este caso lo siento de verdad. Si lo comparo con mis trabajos anteriores veo muchas diferencias. No consigo encasillarlo en ningún género. Me parecen canciones genuinamente excepcionales en muchos sentidos: producción, lírica… y todo gracias a haberle dado una vuelta de tuerca a mi proyecto”.
“No soy muy ambicioso. Me gusta tener las expectativas justas para no pegarme un bombazo contra la pared. Nada más ambicioso que poder vivir de la música hasta que el estado me deje jubilarme. Es muy complicado perdurar en el tiempo"
Pasando a otro tema, antes de hablar del futuro es necesario que hablemos de ese llamativo y renovado imaginario visual. “Empecé a contar con el apoyo de Alejandro Peiro, ‘alemphis’, un director creativo que agarró todo lo que le mandé y montó un universo visual alucinante. Al mismo tiempo, acudí también a Paula Martín, mi pareja. La sensibilidad que tiene para la fotografía cuadraba a la perfección con la estética ‘alemphis’. Acerté con la dupla; el paquete resultante la rompió”. Dicho esto, ahora sí. ¿Qué ases se guarda Choclock bajo la manga? “No soy muy ambicioso. Me gusta tener las expectativas justas para no pegarme un bombazo contra la pared. Nada más ambicioso que poder vivir de la música hasta que el estado me deje jubilarme. Es muy complicado perdurar en el tiempo. Soy consciente de mi privilegio —llevar siete años dedicándome a la música— y creo que es un potente desafío al que debo enfrentarme. De momento sobrevivo. Si me mantengo así hasta que esté en una silla de ruedas y pañales, soy feliz”.
Ya terminando, asegura que tratará de mantener el sonido surgido de “Dame Más Tiempo” sin saber con certeza qué le brindará el destino. Por lo pronto, confiesa estar centrado en la ideación de próximo álbum. Aunque antes queda presentar estas canciones en una nueva gira. Cosa que no le hace mucha gracia. Sin desdén, claro. “Subirme al escenario es fantástico. Los nervios y el ajetreo de estar yendo de aquí para allá no tanto. Aunque te hace sentir de forma tangible el trabajo que has hecho en el estudio, viendo cómo funciona entre el público, te funde el cerebro y te quita tiempo”. Por ello, no puedo desaprovechar la ocasión sin cerrar la presente entrevista preguntándole: ¿Para qué quieres que te den más tiempo? “Para seguir haciendo música. Es y será el motor de mi vida”.

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