“El ruido de las estrellas” ahonda en la creatividad de una manera reflexiva y profunda, revelando momentos musicales durante el crecimiento de Carlos Sadness que han tenido gran impacto posterior en su identidad artística. Una que siempre ha sido fiel a sus principios en un mundo compuesto sobre todo por la repetición de fórmulas que funcionan, pero hacen mella en la autenticidad. “Vivimos en un mundo que te está intentando convertir todo el rato en alguien más neutro, entonces llega un día que digo: ‘Voy a mirar atrás para ver quién soy’”. Bajo esta premisa, Sadness indaga en una trayectoria que se extiende a lo largo de más de veinte años, si tenemos en cuenta que empezó en el mundo del rap bajo el seudónimo de Shinoflow, para posteriormente tender al indie pop con el nombre con el que le conocemos en la actualidad. Entre sus álbumes encontramos “La Idea Salvaje” (15), un disco que supuso un punto de inflexión en su carrera musical. “Es el primer largo que hice sin buscar ayuda, sin pensar que tenía que encajar en ningún sitio. Hubo mucha despreocupación a nivel producto”.
"Mirar siempre hacia arriba y exigirme no me sienta tan bien”
Con esa misma solvencia ha encarado su tercera obra literaria, a pesar de que le daba cierto pudor exponer según qué detalles de su vida personal y profesional. “Muchas cosas que he escrito no estaban pensadas para estar en un libro ni para publicar. Fueron escritas porque llega un momento de mi vida en el que empiezo a poner orden a muchas cosas que recuerdo y que siento, que me gustan o me preocupan por esta necesidad que habla el libro de no perder la identidad”. A lo largo de las páginas te vas sumergiendo en su universo y entiendes cómo ha llegado a configurar su particular mundo artístico. Consciente de que la industria no busca perfiles transgresores, sino más bien al contrario, Carlos actúa siempre con firmeza y convicción. “Cuesta más sobresalir cuando hay cualquier ápice de personalidad. Siento que, antes, los artistas grandes tenían bastante más personalidad propia. No hay más que mirar a los años ochenta o noventa para confirmarlo. Es difícil pensar en personalidades mínimamente genuinas que lleguen a hacer estadios”. Y es que vivimos en un momento en el que se valoran más las escuchas que el talento. De este modo, el catalán nos revela su marcha de Sony tras quince años trabajando juntos. “Yo he sentido en mi discográfica que si una de mis canciones no llegaba al millón de escuchas no era tan importante, no se valoraba tanto, y siento que no todas las canciones deben ser single”. De ahí que, para aquellos jóvenes y no tan jóvenes, que estén iniciando un proyecto alejado de los estándares, “El ruido de las estrellas” también esconde un consejo de Sadness: “Como más a gusto se vive es dedicándose a esto desde la honestidad de ser uno mismo. Que la materia prima sea tu propia manera de ver el mundo. Y eso es difícil cuando crees que el éxito está en encajar”.
Junto al libro “El ruido de las estrellas”, también ha visto la luz un tema bajo el mismo nombre que supone el primer adelanto del que será su próximo disco. Un tema que habla de dejar a la eternidad el amor que hemos vivido. “No acostumbro a pensar en cuando no esté, pero en esta canción sí que hablo del amor que dejemos aquí cuando nos vayamos. Y no hace falta ser artista para legar una manera de haberte querido con los demás”. Ahora falta ver si volveremos también a tener algún nuevo libro de Sadness en el futuro. “Sigo teniendo muchas cosas escritas, no relacionadas con la creatividad necesariamente, pero ver que este libro acompaña a la gente me motiva a hacer algo más. Aunque, en estos momentos, tengo ganas de hacer canciones y sacar un disco tras la experiencia de haber pausado mi vida para darle forma al libro. Estoy en un momento de no crearme expectativas, de no marcarme metas. Muchas de las cosas que he conseguido han sido sorpresas, regalos muy bonitos. Si me marcó una meta, luego puede haber frustración y eso es muy injusto, porque lo que tengo es bonito. Si mi vida sigue igual ya será toda una celebración. Mirar siempre hacia arriba y exigirme no me sienta tan bien”.

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