Formados en 2009, los ingleses Basement son leyendas vivas del post-hardcore y el emocore moderno. Cada vez que se han tomado un descanso, su popularidad no ha hecho más que aumentar, impulsada en parte por fenómenos recientes como la viralidad en TikTok de canciones como “Covet”. Sea como sea, su último parón ha sido el más largo: ocho años. Quizá por eso este nuevo disco, el quinto en su discografía, presenta un gran salto.
La banda regresa con “WIRED”, auspiciado por su sello de siempre tras probar suerte en una multinacional. “La experiencia fue muy buena, aprendimos mucho. Mirando atrás, sin embargo, diría que ahora estoy disfrutando mucho más cada paso”. Son palabras del batería, James Fisher, quien responde nuestras preguntas al otro lado de la pantalla con una sonrisa constante. “Desde Run For Cover nos animaron a probar con Warner y también han crecido mucho en estos años, y seguían siendo amigos, así que tenía todo el sentido volver con ellos”.
“Todas nuestras influencias se mezclan y acabamos sonando a nosotros mismos”
La banda que completan el cantante Andrew Fisher, el bajista Duncan Stewart y los guitarras Alex Henery y Ronan Crix confía en seguir creciendo desde la independencia, sin perder la esencia que los convirtió en referentes. “Siento que no hemos perdido a nadie en el camino y que se ha ido sumando gente que conecta de verdad con nuestra música. Eso nos hace muy felices”. James nos atiende desde su piso en Londres, mientras el resto de los miembros de la banda están repartidos entre Brighton, Manchester, Berlín y Los Ángeles. “Siempre hemos estado bastante dispersos y nos hemos acostumbrado. Nos lleva más tiempo componer, eso seguro, pero estamos cómodos compartiendo ideas entre nosotros. Para este disco nos estuvimos enviando muchas demos, sobre todo entre Andrew y Alex, y unos meses después empezamos a organizarnos para irnos viendo al menos durante tres días. Esos encuentros marcan una gran diferencia”.
El proceso de composición de “WIRED” comenzó a finales de 2022, tras un parón voluntario —prolongado por la pandemia— que aprovecharon para descansar después de girar intensamente por todo el mundo presentando su último largo, “Beside Myself” (18). “Hicimos una pausa porque necesitábamos parar, sin saber muy bien qué significaba eso. Hubo un momento en el que ni siquiera sabíamos si volveríamos a hacer música. Hasta que un día decidimos volver a hacer canciones, sin presión, por diversión, y comenzamos a enviarnos demos. Algunas llegaron a este disco, pero otras se escribieron en los últimos meses antes de grabar”. Solo cuando sintieron que estaban completamente satisfechos decidieron entrar en el estudio. “No queríamos correr. Simplemente disfrutamos de estar juntos otra vez”
“WIRED” llega tras ocho años de silencio, pero lejos de generar presión, su esperadísimo regreso ha estado marcado por la ilusión. “No lo veo como presión, sino como algo increíble. Seguimos siendo los mismos cinco amigos y me llena de gratitud que haya gente esperando nuestro disco. Tenemos mucha suerte”. En esa misma línea, el batería interpreta la canción que da título al álbum como una celebración. “Es una canción punk y transmite nuestra emoción por estar juntos de nuevo y poder expresarnos. Una forma de empezar de nuevo y soltar todo lo que teníamos acumulado”.
En todo este tiempo, los miembros de la banda han acumulado muchas experiencias vitales, que se reflejan en unas letras que oscilan entre lo más incisivo y lo más melancólico. “Mi hermano se encarga de traer el primer boceto o las emociones principales de las canciones, y las trabajamos juntos, como si la letra fuera un instrumento más. Si algo no nos convence, debatimos y cambiamos”.
Si abandonar sus raíces hardcore, Basement dan aquí un paso adelante al ampliar horizontes. Uno de los factores determinantes en esta evolución sonora, marcada por la libertad creativa, ha sido la participación del reputado John Congleton (St. Vincent, Mannequin Pussy). “Tuvimos que esperar bastante porque estaba muy ocupado, pero sentíamos que valía la pena esperar, que no tenía sentido apresurarse. Y me alegro mucho de haber podido trabajar con él. Puede parecer que está fuera del DIY más puro porque ha tenido éxito, pero su mentalidad y su ética vienen totalmente de ese mundo. Hablamos mucho y sentimos que estábamos en la misma página. En el fondo, él es un punk de la vieja escuela al que le ha ido muy bien”.
Los cinco músicos y el productor se conjuraron en los estudios Animal Rites de Los Ángeles para capturar la crudeza de la banda y, al mismo tiempo, fomentar la experimentación. Como cuando Congleton, por ejemplo, le propuso a James usar hasta cinco cajas de batería distintas. “Antes de trabajar con él pensaba que un disco tenía que sonar muy cohesionado, de una sola manera, pero él consigue que todo encaje a pesar de la variedad. Y cuando nos enviaba las mezclas, enseguida sentíamos que no había mucho que añadir, porque entendía perfectamente de dónde veníamos. Por primera vez trabajamos con un productor cuya opinión realmente nos importaba”.
El resultado es un disco agradablemente diverso y sin ataduras, con un sonido bellamente orgánico y ecos a bandas de indie rock como Death Cab For Cutie, Feeder y Pixies. “Los cinco tenemos muchas cosas en común musicalmente, pero también influencias variopintas. A Duncan [bajista] le tira mucho el metal y cosas más extremas; Ronan [guitarra] es muy fan de Nine Inch Nails; pero al final todo se mezcla y hay bandas como Pixies que nos gustan a todos. No sé cómo ocurre, pero todas nuestras influencias se mezclan y acabamos sonando a nosotros mismos”.
Desde que empezaron a componer este disco, los cinco miembros de la banda decidieron centrarse más si cabe en el proyecto. James, por ejemplo, se dedica a la pintura. Su hermano Andrew es profesor. Ahora, componer, ensayar y girar será trabajo principal. “Trabajamos en casa por separado, practicando con nuestros instrumentos, para mejorar nuestro directo y disfrutarlo más”. Entonces ¿será más fácil verlos tocar en nuestro país? Por el momento, este mes de agosto los veremos en el próximo Canela Party, en Torremolinos (Málaga). Le recuerdo que la última vez que tocaron en mi ciudad fue en la sala pequeña de Razzmatazz, en julio de 2018, de camino a un Resurrection Fest. Ese día también tocaban Pearl Jam en el Palau Sant Jordi, pero algunos preferimos sudar la camiseta con los británicos. “Fue increíble y me encantaría volver a Barcelona con Basement. Lo bueno de sacar música nueva es que podemos volver a girar de verdad y visitar sitios otra vez”.

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