Aislando frecuencias
EntrevistasAmon Tobin

Aislando frecuencias

Jesús Sáez — 09-12-2002
Fotografía — Archivo

Un grandísimo disco, sí señor, es lo que nos ha entregado Amon Tobin. “Out From Out Where” (Ninja Tune/Pias, 02) es el cuarto bajo este nombre que edita el brasileño afincado en Brighton, en el que asienta su estilo y lleva hasta el límite, su propio límite, conceptos como trip-hop, drum´n´bass, el ill-bient y, sobre todo, hip-hop.

Cuando Amon Tobin comenzó a editar discos, sus influencia básica era el jazz, Art Blakey, Lionel Hampton y mezclaba sampleados y pequeños riffs con las bases de hip-hop que empapó desde que se trasladó a Inglaterra. Así surgió su primera obra maestra, o al menos así fue considerada, “Bricolage” (Ninja Tune, 97), pero hoy poco queda de eso. Su música ha ido evolucionando hacia una intensidad, una oscuridad opresiva (pero nunca superficial, ni banal), trabajada a base de densidad y detalles, lo que da lugar a una obra magnánima como “Out From Out Where”. “Simplemente quiero hacer algo mío. Al principio practicas, juegas con cosas, buscas resultados. Ha pasado mucho tiempo y he aprendido muchas cosas, y las influencias han quedado difuminadas. Ahora simplemente quiero ser yo mismo, llevar los sonidos todo lo lejos que pueda”. Igualmente ha pasado con sus influencias natales: “No estoy interesado en meter sonidos brasileños en mis discos. Lo único que quiero es la energía de los ritmos, pero llevarla a mi campo, hacerlo a mi manera”.

“Me gusta la música fuerte y dura, me gusta ver como crujen los conos de los altavoces”

Un álbum que suena más sesudo, menos impulsivo y violento (dentro de lo que su música puede dejar de serlo), todo está mucho más en su sitio, con ambientes y ritmos más trabajados, pero sin que ello signifique que sean más complejos.“Sí, puede ser que sea algo parecido a la madurez. Ya no estoy interesado en la oscuridad, en la violencia. Estoy mucho más interesado en efectos más dramáticos, contrastes, dinámicas. Ya no me interesa la música desde un punto de vista negativo, sino de una forma mucho más excitante”. Y esa es, sin duda, la definición perfecta para su último plástico, en el que la opresión entra poco a poco por la puerta de atrás, ausente de una violencia evidente pero con la que cualquiera se identificaría. “Ya no quiero ver cuán rápido puedo llegar a programar, ni trabajar drum´n´bass y esas cosas buscando velocidad, ahora prefiero trabajar más lento, buscando las sensaciones de maneras diferentes, y eso me parece mucho más difícil”. Y todo ellos utilizando el sampler como método: “Lo que hay en el disco son sampleados, pequeños trozos cortados de otros sitios. Quiero aprender a trabajar con estos recortes, cómo utilizar esos sonidos grabados”. ¿Y cómo llegas a esos sonidos extraídos de ruidos de la calle, de discos que no suenan a discos? “Aislando frecuencias. No es el único recurso que utilizo, pero sí es al que más recurro. Utilizo Cubase y últimamente estoy sacándole poco a poco partido al Fruity Loops, me apoyo en una serie de plug-ins… aunque también me sirvo de hardware, como samplers y pequeños aparatos antiguos”. Con la amplitud de recursos que ofrece la electrónica, la facilidad para deconstruir estructuras, modificar texturas, quebrar ritmos y facturar melodías, es difícil elegir un elemento sobre el que centrarse, y eso es lo que acaba produciendo principalmente las diferentes tendencias estilísticas. “Para mí tiene mucha importancia la melodía. Creo que es básica en un tema: ya sea la línea de bajo, pops y clicks, o lo que sea. Me gusta la música fuerte y dura, y me gusta ver cómo crujen los conos de los altavoces; eso hace que me guste trabajar el sonido y destrozar ritmos. Es muy importante en mi concepción de la música”. La trayectoria de Amon Tobin es una de esas dignas de seguirse del primer disco al último, siguiendo cada paso, en el que el artista va evolucionando, avanzando, sin nunca hundirse en la vulgaridad ni en lo inconsistente. Ya en los primeros años reventaba salas en festivales como el Montreal Jazz Festival, mientras que ha llegado a extremos irreconocibles su concepción del ruido en sitios como el Sónar. Recientemente se ha reeditado “Adventures In Foam” (Ninebar, 96), el primer álbum que grabó, bajo el nombre de Cujo, en el que todo lo que hoy es estaba apenas esbozado. “Para mí es un álbum muy especial y estoy muy orgulloso de él. Era una época diferente en la que estaba muy excitado ante la posibilidad de grabar un disco. Hoy lo escucho y hay cosas que me hacen reír, las ideas que practicaba eran muy frágiles, pero se puede ver perfectamente que es lo que, con los años, iba a hacer. Pero estoy muy contento de aquel disco”. Pero eso queda atrás y ahora es el momento de “Out From Out Nowhere”. Un gran disco que deja atrás logros conseguidos por gente como Massive Attack, Tricky o Roni Size, dando un paso adelante en la definición de ritmos, ambientes, contrastes. Algo que, en los tiempos que corren, es muy necesario.

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