Afinando las emociones
EntrevistasRaül Moya

Afinando las emociones

Jordi Nopca — 03-05-2007
Fotografía — Archivo

Se ha tomado su tiempo, para debutar en solitario, pero finalmente –y después de una maqueta cuyo éxito le ayudó a ponerse las pilas– Raül Moya nos entrega su debut junto al recién bautizado Trío Miniña (Daniel R.Jones, Víctor Franciso y More) que lleva un título un tanto profético, “La nueva era glaciar” (Rhonda Records).

Raül Moya llevaba mucho tiempo escribiendo canciones en los ratos libres que le dejaban los muchos grupos por los cuales ha pasado desde finales de los noventa. Élena, Romodance, Sitcom o Refree son algunos de los proyectos a los cuales Moya ha prestado sus habilidades y que forman parte de una concepción del indie que el de El Masnou no acaba de compartir, a fecha de hoy. “Al principio todos queríamos escribir en inglés porque nos parecía más musical y porque simplemente pensábamos que en castellano no era posible. Con las canciones que empecé a escribir por mi cuenta intenté romper con esta idea. El catalán es mi lengua materna pero tanto mi educación como mis lecturas han sido casi exclusivamente en castellano, así que lo más lógico por mi parte era escoger el castellano como vehículo de expresión de mis emociones y vivencias”.

"Parece que nos hayamos convertido en robots a los cuales no nos importa nada más que nosotros mismos"

Después de publicar una maqueta con algunas de las canciones de su primer disco en solitario, Raül Moya se animó a escribir y componer con más frecuencia, y por el camino muchos de los grupos que cantaban en inglés también optaron por cantar en castellano (Sidonie, Love Of Lesbian) o incluso en catalán (Mishima, algunas canciones de Refree o el nuevo repertorio de Élena, aún no publicado). “Creo que el cambio lingüístico se debe básicamente a una cuestión de honestidad. Pasé por un momento en que descubrí que creerme políglota era una impostación y que una parte del público que asistía a mis conciertos no entendía nada de lo que cantaba”. “La nueva era glaciar” surge entonces de este doble acercamiento tanto hacia la audiencia como hacia sí mismo. Su título, aunque parezca una referencia oportunista al cambio climático –tan en boca de todos pero contra el cual se emprenden tan pocas acciones, en general– es más una referencia al estado general de la actualidad. “Además de titular el disco, ‘La nueva era glaciar’ fue una de las canciones que mejor funcionó en la demo y decidí repescarla. El hilo narrativo son los tres días que siete músicos pasaron en casa porque estaban grabando un disco justo al lado. Pero la canción quiere ir más allá, y trata también –y sobre todo– de la deshumanización en la que vivimos. Parece que nos hayamos convertido en robots a los cuales no nos importa nada más que nosotros mismos. El beneficio personal se ha convertido en lo más importante, y eso ha contribuido a que la sensación de que todo es mentira haya crecido, y que junto a ella mucha gente opte por la total indiferencia, que es algo que me preocupa mucho”. Este arrebato de pesimismo justificado nos recuerda que su debut no es un disco mayoritariamente divertido, y que por él desfilan despedidas (“A Dios mi vida, adiós”), migrañas de resonancia francesa (“Bon Automne 05”) y cierto espíritu de afonía emocional, citando una de las primeras canciones, “Hada Garland y las vividas palabras”. “Hay una parte de los temas que han sido escritos en este estado de afonía emocional, un momento en que me encerraba en mí mismo como un caracol y en que incluso tenía miedo al miedo. Entonces me quedaba clavado en el mismo sitio y escribía canciones con letras más poéticas y más trascendentales. Luego llegó el momento en que el miedo me sirvió para comenzar a moverme, y a partir de ahí escribí un segundo bloque de canciones más en la línea de ‘Rían con sentido’ o ‘Té End’”. Si letrísticamente su repertorio refleja dos estados de ánimo complementarios (pero complejos de sintetizar) a nivel musical Moya parte de sus influencias más veteranas –Joan Manuel Serrat y Andrés Calamaro, pero también el fado y el tango– para entregarnos un disco que oscila entre el country rock del “Heartbreaker” de Ryan Adams y la canción de autor con algunas incursiones en el pop a lo Louise Attaque (“Bon Automne 05”), el espíritu acuático de Steve Zissou (“Farges”) y el bolero más ortodoxo (“El boleraso de Simón”). “El sonido que hemos conseguido en el disco no es indie, ni mucho menos, y hasta yo, las primeras veces que lo escuchaba, me quedaba sorprendido. En la maqueta, las canciones eran más oscuras y underground, y ahora están llenas de luz, y eso ha sido en parte gracias a contar en la producción con Ricky Falkner (Standstill, Sanpedro), que es inmenso, el más grande de todos y con el cual tengo mucha confianza. Además, tener al Trío Miniña a mi lado y a Josep Maria Baldomà en los arreglos de cuerda me ha dado la sensación de haberme sabido rodear de un auténtico dream team”.

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