A eso si que se le llama emocore. Su anterior trabajo: “Let Me Worry Some More” (The First Time Records/ Southern/Boa, 99) no ha hecho más que cosechar loas y parabienes de la prensa musical. Y es que Kevlar están en un punto medio entre bandas como Cobolt o Ray Wonder y Sonic Youth o My Bloody Valentine, un híbrido en el que convergen sonidos que no dan pie a la indiferencia. El que estos nórdicos hayan elegido el nombre de la fibra con la que se fabrican los cascos militares, los chalecos antibalas y ciertos complementos para motoristas, no deja dudas acerca de su resistencia a la abrasión, sobre todo en directo. No obstante, Marcus Öberg, su batería, proviene de Starmarket, una de las formaciones suecas punteras en esto del tan controvertido post-hardcore (género que, en sus manos, anda a un paso del pop). “Kevlar empezamos en 1996 cuando publicamos nuestro primer Ep en el sello Chalksounds. A partir de entonces grabamos tres singles en los siguientes tres años. Llegamos a un acuerdo con un sello americano llamado First Time Records. La pasada primavera entramos a grabar nuestro primer compacto y la verdad es que tuvimos muchos problemas para editarlo. Ahora acabamos de sacar un vinilo y un mini para B-Core”. Kevlar se refieren a “The Deadly Dozen”, un compendio de seis canciones en el que se pasean a sus anchas por los dominios de Thurston Moore y Lee Ranaldo, Jawbox y Fireside. “Es un poco todo eso, tenemos muchas influencias pero es imposible copiar estilos. Cogemos un poco de todo lo que nos gusta”. ¿Y qué es lo suelen escuchar estos pálidos y comedidos vikingos? “Marvin Gaye, Sonic Youth, la mayoría de las bandas de Washington D.C. -léase Dischord Records- el catálogo de Touch & Go. También nos gustan las letras de grupos como Belle & Sebastian y Bruce Springsteen, que son una buena referencia a la hora de escribir”. El que coincidieran con Teenage Fanclub en el mismo escenario fue más bien producto de la casualidad. “Fue en un festival que se hizo en Umea en el que tocaron bandas de todos los estilos. En Umea hay mucha gente envuelta en la escena hardcore porque es una ciudad universitaria a la que llegan muchos jóvenes de todas las partes”. Quizás lo más llamativo de su nuevo trabajo, sea la inclusión de un nuevo guitarrista, hecho que explica el porqué de su actual sonido. “Queríamos algo nuevo y empezamos a escribir para dos guitarras. El sonido ha cambiado bastante al de las primeras grabaciones, en las que las canciones partían de riffs del bajo, y se ha vuelto más pop. Ahora jugamos más con los acordes y las disonancias de las guitarras”. Y tras este trabajo sumamente atractivo quedan pendientes proyectos para el futuro. “En agosto tocaremos en el Festival Hardcore de Sant Feliu y es probable que en invierno nos metamos de nuevo en el estudio”. ¿Y sobre anécdotas? “Hace poco tocamos en una fiesta de cumpleaños para niños pequeños. Fue divertido ver como críos de dos o tres años golpeaban la batería”. Espíritu infantil no les falta.
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