Ya lo dice Jon Bilbao en el final de su prólogo: este conjunto de relatos merecía más lectores. Reeditados cuatro años después, los itinerarios de JC Márquez combinan una suerte de recreaciones, invenciones e imitaciones por el profundo imaginario norteamericano hasta hacerlo mucho más suyo, nuestro, que de cualquier paleto de Kentucky.
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