Hugh Hefner’s Playboy
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Hugh Hefner’s Playboy

9 / 10
Luis J. Menéndez — 17-10-2013
Empresa — Taschen

Somos muchos los que crecimos con una idea distorsionada de lo que era la revista Playboy, acostumbrados como estábamos en nuestra pre-adolescencia a ojear disimuladamente y como quien no quiere la cosa los paneles traseros (porque de traseros iba la cosa) de los quioscos en los que se apretaban las diferentes cabeceras pornográficas del momento. En nuestra revoltosa inocencia éramos incapaces de distinguir entre Interviú y Lib, así que malamente podríamos comprender el papel que una cabecera como Playboy llevaba jugando en la sociedad norteamericana desde la publicación de su primer número, con Marilyn en la portada, en diciembre de 1953.

En realidad las cosas tampoco han cambiado tanto y Playboy parece inevitablemente ligada a la imagen de la mujer como objeto sexual, que sí, indudablemente, pero no sólo. Porque en su momento de mayor esplendor, el que Taschen sitúa entre 1953 y 1979, la revista tuvo bastante que ver en la apertura a determinadas conductas sexuales (incluida la normalización racial por la vía del desnudo) además de servir de plataforma a primeras espadas de la literatura como Norman Mailer o practicar un periodismo político de primer orden. No todo era la casa de putas de Hugh Hefner, aunque la ya famosa mansión se terminó convirtiendo en su particular edificio diplomático de cara a todo el mundo.

Taschen revive aquellos años con estos seis volúmenes, toda una enciclopedia que arranca con un documentado relato biográfico del Hefner niño y adolescente y su obsesión por el cómic (de ahí la influencia pop y pulp en las páginas de la revista años después) o el cine (ídem con la imagen icónica y sexualizada de la mujer: lo único que Playboy hizo años después fue quitarles la ropa a aquellas divas con las Hefner soñaba). A partir de ahí y a lo largo de casi 2.000 páginas, incluidos unos cuantos pósters desplegables, y basándose esencialmente en reproducciones de las páginas originales lo que aquí vamos a encontrar un repaso por cada uno de los números durante esos 26 años que sirvieron para crear un imperio y se convirtieron también, tal y como el dibujante canadiense Chester Brown recordaba en la novela gráfica “El Playboy”, en la principal fuente de educación sexual para varias generaciones de hombres occidentales. ¿Qué así estamos de confundidos? Pues puede ser… Pero ese, me temo, es otro debate.


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