Desde el jergón
LibrosJosele Santiago

Desde el jergón

9 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 19-02-2026
Empresa — Contra

Va a ser complicado que leamos unas memorias musicales más completas que estas durante 2026. Aquí hay crónica vital. Inventario de daños, desperfectos y alegrías. Radiografía de un barrio, de una escena e incluso de una industria a lo largo de cuarenta años. Un manual sobre cómo manejarse por la existencia según una filosofía vital. Abundantes indicaciones sobre el proceso creativo. Humor, amor, ternura, ira, acidez y oscuridad. Muerte bien cerca: es también inventario de pérdidas. Con anécdotas que aligeran y salpican el relato de carcajadas (real). Honestidad sin ambages, desde luego. Un prólogo excepcional, como no podía ser de otro modo si lleva la firma de Miqui Otero. Y un estilo que es literario sin postureos, reconocible sin alardes de cara a la galería, evocador y gráfico cuando la materia prima lo requiere. Sin excesivo apego a la RAE: tontolachorras, qué gran neologismo. Sin buscar la clásica línea zigzagueante de las historias de ascenso, caída y redención. Sin que su estructura, ceñida a capítulos que se suceden por orden cronológico de canciones, devenga en un relato rectilíneo: todos los epígrafes se conjugan en pasado y presente. En eso me recuerda un poco al "Mundo turbio: una novela y todas las canciones" (2024) de Fernando Alfaro, otro libro sobresaliente, aunque de distinta naturaleza. Estas 310 páginas sobradas de estilo y actitud, seguidas de otras 66 con todas las letras de las canciones, no se leen: se paladean. Deseas que nunca terminen.

Precisamente los Surfin’ Bichos es uno de los pocos grupos de la primera hornada indie (o de la generación bisagra a la que también podrían adscribirse Los Enemigos) que reivindica aquí Josele Santiago, cansado de que las visiones hasta ahora trazadas sobre su vida sean “escasas de puntería y faltas de autoridad”, como dice en su prólogo. Si lo lees, sabrás que los Beatles fueron más esenciales en su educación musical que los Rolling Stones. Que no siente nostalgia alguna de la cerrazón mental – en lo musical – de las tribus urbanas de los años ochenta. No siente nostalgia por casi nada, en realidad. Que Ry Cooder, Rockpile, Hüsker Dü, los Stooges (los de Fun House, sobre todo), Golpes Bajos, Gabinete Caligari o Derribos Arias (las visiones estereotipadas de La Movida siempre fueron un peñazo) se cuentan entre sus decenas, quizá cientos de músicos predilectos, todos influyentes de un modo o de otro (a veces, claro, también a través de Fino Oyonarte: yo nunca había caído en lo mucho que “Hienas” suena a Pixies) dentro un repertorio que después del verano – celebrémoslo – tendrá continuación. ¿No he dicho aún que es un libro excepcional? Pues eso mismo.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.