La mayor parte de los interesados en la singularísima figura de Robert Crumb conocimos su estrafalaria y, a su manera, bastante entrañable personalidad con el excelente documental de 1994 de Terry Zwigoff. Un tipo extremadamente tímido e introvertido, pero que se hizo famoso por el atrevimiento suicida de sus cómics; un dandy que viste como un galán de los cincuenta, con sombrero fedora y chaqueta de traje, coleccionista fanático de discos de blues y country de las primeras décadas del siglo XX, total ignorante de las herramientas que la informática ha puesto al servicio del arte y que se empeña en continuar dibujando, como ha hecho durante toda su carrera, con una pluma; pero, a la vez, un artista libre de inhibiciones que ha exhibido sus fetiches sexuales una y otra vez a lo largo de su obra.
También conocimos algunos detalles laterales de su vida gracias a la bienvenida edición de “Querido Callo”, las tiras completas de su pareja, Aline Kominsky-Crumb, que nos permitía echar un vistazo a su relación, la cual no tenía nada que ver con la de una pareja tradicional. Si te quedaste con ganas de saber más del creador del lujurioso gato Fritz, estás de enhorabuena. Esta gruesa biografía de Dan Nalder de casi quinientas páginas, cargada de ilustraciones y fotos, te lo cuenta todo. Además, es un libro muy bien escrito que nos relata la tumultuosa existencia de su protagonista con el pulso de un gran novelista clásico.
Nalder tiene la virtud de presentar a Crumb como un ser humano real, con sus debilidades, problemas y errores, pero, al tiempo, nos convence de su genio. Con Zap Comix (1967) revolucionó el medio, como The Beatles hizo con la música. Sus relatos surrealistas y escatológicos satirizaban sin piedad las hipocresías de la cultura norteamericana y, en palabras de Nadel, arrastró al noveno arte “a la edad adulta”. En el camino, desmonta un buen puñado de leyendas, evita la idealización y presenta igualmente su entorno, que incluye a luminarias como Gilbert Shelton, Art Spiegelman o la propia Aline Kominsky-Crump como personas complejas y contradictorias. El autor cumple así el deseo explícito del propio Crumb de ser retratado sin filtros, con absoluta sinceridad.
Sobre el clásico tema si el artista nace o se hace, estudia en profundidad cómo la desastrosa familia en la que vino al mundo (muy tradicional desde fuera y muy perturbadora en la intimidad) lo influyó y moldeó, en particular debido a la trágica historia de su hermano Charles; al igual que su época en el San Francisco de “el verano del amor” y sus experiencias con el LSD. También nos muestra que un artista, incluso uno tan rupturista como Crumb, no surge de la nada, forma parte de manera inevitable de una tradición. No habría existido Zap Comix, y todo lo que vino más adelante, sin la influencia de Harvey Kurtzman y su revista Mad. El resultado es una biografía ejemplar, y no cabe duda, al final de su lectura, que Robert Crumb no merecía menos.

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