Aunque el mundo del skate sea mucho más que una moda y haya llegado incluso (y por derecho propio) a convertirse en deporte olímpico, lo cierto es fue en ciertos tramos de las décadas de los ochenta y los noventa, cuando el asuntó repicó con especial fuerza hasta alcanzar casi un plano generalista. Fuera como fuese, el presente tomo aborda la historia de skate desde una perspectiva sobre todo visual (y vistosa), poniendo el foco principal (que no único) –y tal y como indica el título sin atisbo de engaño– sobre el diseño mismo de las propias tablas.
Auténticas obras de arte e imaginativas creatividades que sirven al autor como argumento sobre el que hacer un breve pero conciso repaso por el deporte en cuestión. Desde su aparición a finales de los cincuenta, pasando por los mencionados años dorados o los diferentes resurgimientos, y hasta su inclusión en los Juegos Olímpicos. Completando el atractivo del tomo (y también su intención misma), la referencia incluye también esclarecedores capítulos que ponen el foco sobre elementos tangenciales tales como revistas, profesionales, los mismos diseñadores, skateparks, competiciones oficiales y hasta las películas rodadas en base al tema.
De forma amena, pero sin perder de vista un rigor y conocimiento de la materia que se antojaba necesario, Mackenzie Eisenhour completa, en “1.000 Skateboards”, doscientas cincuenta páginas muy bien encuadernadas por la editorial Lunwerg, que resultarán del agrado de quien, en uno u otro momento, haya caído dentro de ese universo del skate. Una longeva afición que, como cualquiera con opciones de convertirse en modo de vida, ha pasado por no pocas fases y etapas, en este caso con reflejo directo sobre aquellas imágenes que adornaban unas tablas que, sin duda, eran mucho más que trozos de madera.

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