Zach Bryan es un hombre feliz. Muy feliz. Por lo visto todo le viene a favor y se encuentra en el momento más dulce de su existencia. Para empezar hace poco anunció en redes que estas pasadas navidades se casó en nuestro país con una preciosa mujer que le ha hecho olvidar todos los sinsabores de sus relaciones pasadas. Asegura, además, que lleva unos meses sobrio y ha superado esa clásica predilección por la botella, tan común entre muchos trovadores yanquis. Una atormentada relación con las bebidas espirituosas, que tantas veces ha funcionado como fuente de inspiración y de conflicto. Y, para acabar de redondear su limbo de felicidad, Zach ha editado un álbum de veinticinco temas que, si bien no van a marcar un antes y un después en su carrera, sí le van a aportar algunas canciones que consolidarán su set-list, en ese proceso de total consagración mundial que desde aquí, se vive con cierta incredulidad. Aunque luego acabe por vender la totalidad de las diez mil localidades del Donostia Arena en la que será su única fecha en España.
“With Heaven On Top” es un doble álbum que hace honor a todos los tópicos de los discos que se extienden más allá de los catorce cortes. Primero porque resulta innecesariamente largo, y segundo porque muchos de sus temas parecen esbozos inacabados que en su mayoría no llegan a los tres minutos de duración. Canciones que hubieran podido dar mucho más de sí con un mayor desarrollo y desmelene y que, por tanto, no acaban de explotar del todo. Y eso que en esta ocasión su autor no ha escatimado en revestirlas de una producción inflamada, de esas que busca de forma descarada el ser radiada hasta la saciedad a golpe de arreglos. Un sonido que te traslada a los discos noventeros de Tom Petty (“Slicked Back”) o Bruce Spingsteen (“Appetite”) y que ha estandarizado su propuesta, quitándole ese barniz de autenticidad que resultaba una de sus mayores bazas. Por eso no es una casualidad que se haya apresurado en editar una versión acústica y esquelética del disco, en busca de redención entre sus fans más longevos. Un perdón que se ha granjeado mostrando su faceta más verdadera e íntima, donde las canciones ganan enteros.
“With Heaven On Top” se me antoja, por tanto, un álbum fallido que hubiera podido ser mucho más de lo que ofrece. Aunque es posible que eso a Zach se la traiga al pairo dado el momento en el que se encuentra. El único artista en la actualidad capaz de coger el relevo a los grandes nombres del género en las mayores arenas. Y todo gracias a esa enorme capacidad que ha demostrado a la hora de conectar con el gran público. Lo suyo no ha ido de complicarse la vida, sino ofrecer con pasmosa simpleza un rock americano de marca blanca apto para todos los públicos. No ha caído ni caerá en el auto-boicot constante de Ryan Adams, ni tampoco en la complejidad repleta de estilo de Jason Isbell. Lo suyo es no mojarse demasiado, tal y como por ejemplo demuestra en un tema como “Bad News”, donde su referencia a las actuaciones de ICE es tan ambigua que no va a ofender a nadie. Y es que entre sus más de veinticinco millones de oyentes mensuales en Spotify, seguro que cuenta con todo tipo de seguidores y lo mejor es conservarlos s todos. Un no implicarse que lo aleja de su héroe, el bueno de Bruce Springsteen, al que tanto le debe. Imagino que durante su estancia en nuestro país este pasado verano, habrá tenido tiempo de tomar conciencia de lo que significa el ‘boss’ en España. Un estatus al que seguro aspira, aunque le prive en el futuro de correr los toros en Pamplona. ¿Lo logrará?. Yo francamente lo dudo.
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