Pocos son los grupos que optan por una evolución coherente en su carrera, capaces de sorprender en cada disco sin traicionar sus señas de identidad. Beulah, uno de los grupos surgidos de la escena Elephant Six a mediados de los noventa, es uno de sus casos, y ofrecen su mejor cara en su cuarto disco de estudio. Sin olvidar el pop psicodélico que les hizo grandes, el grupo de Miles Kuroski da lo mejor de sí en el momento que más mal pintaban las cosas para el sexteto de San Francisco. Kuroski, que al empezar la grabación de “Yoko” acababa de salir de una ruptura traumática con su novia de toda la vida, decidió abandonar el tratamiento médico debido a su depresión, y optar por la música como válvula del escape. El resultado de tal decisión ha sido el disco más libre, ambicioso y conseguido de su carrera, añadiendo nuevos elementos a su receta de siempre. Nuevas texturas y sonoridades heredadas del folk y el country más intimista; unas letras más inteligentes y emocionantes que nunca; y una capacidad única de convertir un hecho doloroso en una obra de arte como “Yoko”; son algunas de las razones del excelente resultado final. Bueno, eso y, no nos olvidemos, las tremendas canciones que hay en este compacto. Entre ellas “Landslide Baby”, “You’re Only King Once”, “Hovering”, “Fooled With The Wrong Guy” y “Don’t Forget To Breath”. Beulah se han hecho mayores sin traicionarse a ellos mismos. Bravo por ellos.
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