Del mismo modo que para los firmantes del decálogo Dogma 95 (ya saben, Von Trier, Vintenberg y compañía) una película no es una ilusión, un nuevo disco de East River Pipe no puede ser otra pieza en la cadena de ensayos, estudios, promoción y gira. Porque F. M. Cornog saca también sus fuerzas de limitaciones autoimpuestas. Grabar sólo en casa, no tocar en directo, hacer canciones sin más ambición que el mismo hecho de hacerlas.
Y hacerlas bien. El sexto disco del cantautor favorito de Kurt Wagner (leed los créditos de “Thriller” y “What Another Man Spills”) no es sustancialmente distinto del resto: pop ligeramente etéreo, perdedores y perdidos contados desde la óptica de alguien que encontró y ahora se ve a si mismo y a los demás con los ojos más limpios, más sabios. Nada raro para una persona que vivió literalmente en la calle, bebió, se deprimió y acabó encontrando a una mujer, Barbara Powers, que se convirtió en su hada madrina y mujer, y que fue el primer artista americano en Sarah Records. A lo mejor no nos impacta como entonces, pero hacer canciones como “What Does T.S. Eliot Know About You?”, “You Got Played, Little Girl” (ya puedo imaginarla tocada por Lambchop), “Druglife” o “The Ultrabright Bitch” sigue sin estar al alcance de cualquiera.
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