Esben And The Witch son oscuros, sí. Su nombre proviene de una antigua leyenda tétrica danesa, la voz de su cantante recuerda a la de Siouxsie e incluso a la de la PJ Harvey barroca de “White Chalk”, sus atmósferas instrumentales son turbias y condensadas, herederas del trip-hop más profundamente serio ilustrado a la perfección por Portishead y su “3”, y su literatura habla de enfermedades horribles, demonios y ángeles, tragedias griegas y poesía. Esben And The Witch son oscuros, sí, pero han sabido conseguir un equilibrio entre el hechizo y el miedo con el que logran que la escucha de su disco sea una experiencia apasionante. Dentro de la homogeneidad de todo el recorrido destacan “Argyria”, el tema con el que abren el disco, un corte progresivo que termina con la voz de la cantante Rachel Davies convertida en un lamento dulce y sugerente, “Chorea”, un himno que actúa como síntesis de su estilo ya hacia la mitad del disco, y las coreables “Marching Song” y “Eumenides”. Un disco irregular y denso, pero complejo y digno, que deja entrever a un grupo que parece ser capaz de dar más.
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