Possessor
DiscosTraitrs

Possessor

7 / 10
Fran González — 27-03-2026
Empresa — Autoeditado
Género — dark wave

¿Dónde empieza y dónde acaba la línea que separa el homenaje y la influencia de la autoría propia? Eso es lo que se pregunta uno cuando se topa con la voz de Shawn Tucker, en ocasiones tan indiferenciable de la de un joven Robert Smith que el oyente se sentirá como si estuviera escuchando aquí una versión espídica y visceral de los influyentes “Pornography” (82) o “Disintegration” (89).

Si pasamos por alto este vago cliché, tan poco elaborado como irresistiblemente obvio, veremos que lo que TRAITRS nos ofrecen en su cuarto disco de estudio va más allá del simple revival y pasa por la habilidad de sus responsables para sublimar la melancolía hasta la exposición más sobria de la misma, sin ornamentos y de forma casi clínica. Lejos del preciosismo gótico y del embellecimiento pop, “POSSESSOR” articula su relato entre el desgaste físico y la memoria herida, como un cuerpo en descomposición, doliente y lúcido, que asume su radical finitud.

En efecto, todos los caminos de su voz cantante nos terminan llevando, más tarde o más temprano, al grupo de Crawley –“Prayertaker” puede recordarnos, por su inusitada luz, a una versión corpulenta y plástica de “Inbetween Days”, y “Dream Drowning”, con su esotérica intro, deja pocas o ningunas dudas sobre su referencia a “A Forest”. Pero donde Smith y compañía sonaban más desprovistos, dejando respirar las canciones, Sean-Patrick Nolan convierte ese esqueleto post-punk en un paisaje sellado y opresivo, empujando las frecuencias medias y bajas hasta que apenas queda aire entre los elementos (sirvan los sedimentos yuxtapuestos de “Seven Fictions” o el paroxismo frenético de “Japanese Picture Pony” como ejemplo de ello).

Enfermedad, delirio, estigma, fatiga y una identidad que se resquebraja entre sintetizadores nerviosos y líneas de bajo que laten con gravedad húmeda y obstinada. A todas luces, lo que distingue este proyecto dentro de la trayectoria de la dupla canadiense es su renuncia explícita a la metáfora como refugio. Mientras que “Burn In Heaven” nos acerca a una asfixia narrativa lenta y casi litúrgica (convirtiéndose en el destello más inmediato y pegadizo del cancionero), “I Was Ill, You Were Wrong” escarba con saña y retórica incómoda en la culpa. Sin duda, un giro de guion en ese darkwave que habitúa a velar la cicatriz bajo brumas estéticas y una decisión deliberada de apostar a ciegas por retirar el velo y exponer el síntoma (“As we dance with tears in the rain and I feel your sadness / Is it just like mine? Then why is life just so unkind”, claman con pulsión temblorosa en el último tema citado).

Dejando que la fragilidad se manifieste en su dimensión más tangible, Tucker y Nolan diseñan juntos un tándem que pasa de ser la mera suma de sus partes a convertirse en un estado emocional en sí mismo. Y para cuando termine de sonar ese lánguido “Let me hold you my forever” (“Crawl”), nosotros estaremos ya oficialmente rotos.

 

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