Después del recopilatorio “From The Cliffs” era momento de debutar con un larga duración en una multinacional con el que darse a conocer al gran público y dejar de ser la mejor gran banda británica que está en boca de todos para pasar a ser una gran banda que vende discos de verdad.
El cuarteto londinense liderado por el carismático Fyfe Dangerfield ha sabido completar una creación refrescante con canciones multigenéricas que llegan a todos los públicos. Entre alguna balada semi-épica y algún medio tiempo pasto para banda sonora de película rarita, encontramos las joyas de la corona en forma de dos mensajes de inmenso optimismo: “Made Up Lovesong #43” y “Trains To Brazil”, reafirmaciones del joie de vivre como hacía tiempo no escuchábamos. Nos contaba hace poco el vocalista que sus directos son aplastantes, psicodélicos, absolutamente diferentes unos de otros. Bien, pues nosotros queremos verlo, pero no ya como teloneros de Rufus Wainwright sino como cabezas de cartel. Este disco es cautivador, quizá no tanto como la prensa de su país se ha encargado de recordarnos día a día, pero francamente bonito. Podríamos reprochar algunos matices épicos en los registros vocales de Dangerfield cuando canta sus penas en algunos cortes del álbum (y que remiten a Tom Yorke y a Jeff Buckley), pero el global es una amalgama bien trufada de jazz, samba, algo de Motown destartalado, indie rock clásico y apuntes marcianos de una calidad asombrosa.
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