La hoja de ruta del combo neoyorquino sigue avanzando a buen ritmo a pesar de las dificultades.
Después de sufrir un grave accidente en medio de su anterior gira, en el que perdió la vida su batería, John Holohan, Anthony Raneri y el resto de supervivientes han seguido adelante y nos presentan, como manda el cánon tras una tragedia, la mejor obra de su discografía, de la que hasta ahora conocíamos un ya aplaudido “Sirens And Condolences” (Victory, 04) y el homónimo segundo disco de hace un par de años. La banda de Long Island, lejos de mostrarse depresiva y apesadumbrada por la desgracia, desgrana en los doce temas del álbum un canto a la vida y a las posibilidades que ésta nos pone al alcance. Los estribillos adhesivos de “Duality” y “Head On A Plate”, el espíritu de redención de “Carry On”, la pegada de “The Walking Wounded” o “A Rite Of Passage”, el clima de vitalismo que se desprende en general del disco, aleja al grupo del emo más depresivo al que nos tenía acostumbrados y dota a “The Walking Wounded” de una fertilidad creativa con la que no contaban sus trabajos anteriores.
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