Aunque comparten discográfica con otras luminarias norteñas como The Coral o The Zutons, lo de este cuarteto de Wigan tiene más que ver con aquellos Hoggboy que tenían los bemoles de lucir chupas de cuero en un FIB en pleno mes de agosto (¿alguien les recuerda?) que con la pantanosa psicodelia de aquellos. Esencialmente brutotes, destilan en este acerado debut unos cuantos guiños más que evidentes: a Nirvana en “Really High”, a Mötorhead en “Back At The Factory”, a John Lydon en “Built In” o al hervor de Detroit en “Join Us”, entre otras lindezas descerrajadas con rabia y a piñón fijo. Porque su propuesta, exenta de sutilezas, seguramente resulte más gratificante en pequeñas dosis. Y porque no inventan en modo alguno la pólvora, lo que no quita para que se perfilen como una suculenta banda de directo. Tan graníticos como previsibles, y con tan pocas abuelas como para autocitarse (“Chris Veasey Told Me So”), no trascenderán en todo caso el corte de un hype para el que llevan más de seis años preparándose.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.