No todos los grupos atraen la atención de un sello como Rough Trade, la casa de los inmortales The Smiths. Algo especial vieron sus responsables en este sexteto de Los Angeles que podría seguir la estela de The Strokes, The Libertines y compañía. Ese algo es el inconfundible aroma a juventud descarada e inteligente, una manera de ver el mundo que el vocalista Ethan Ramon y compañía comparten con esos ilustres predecesores. Ellos mencionan también como influencia a Bright Eyes, otro nombre destacado en términos de ironía.
Y resulta cuanto menos curioso que sea un grupo de Los Angeles y no de Londres el que enarbole esta bandera, aunque es de sobra conocido que Morrissey, el original, cuenta con una legión de fans en aquella ciudad inabarcable. ¿El poso de la Historia del cine y el drama concentrado en un lugar tan decadente? Difícil de decir -varios de los componentes de The Sophs proceden de Phoenix-, pero el sexteto hace suya una manera de entender el pop que desde The Kinks, Sparks, los arriba mencionados y tantos otros, nunca ha terminado de estar fuera de juego. Es cierta teatralidad no impostada con la que se enfrentan a las miserias y contradicciones del mundo.
El sarcasmo afilado de las letras y títulos de canciones como “The Dog Dies In The End”, “Death In The Family”, o el estupendo single “I´m Your Fiend” con la que cierran el LP, casa bien con una base musical en la que confluyen, como sucede hoy con tantos grupos jóvenes, influencias de todas las décadas. Del romanticismo fronterizo de “Goldstar” al robusto indie pop de “Blitzed Again”, donde el grupo parece la banda de Morrissey en 1995 (al menos, hasta la coda de folclore del Este), o disfrazados de unos The Strokes semi electrónicos (“Blitzed”), el sexteto hace brillar su versatilidad dentro de un universo en el que destaca la voz, tan expresiva como sobria, del vocalista.
Así, transitan de las texturas acústicas delicadas al glam indie pop elegante -por momentos me evocan, seguro que involuntariamente, a los casi olvidados Gene- y aplican en algunos estribillos la contundencia de la primera década de los dos mil. Lo importante es digerir las influencias y mostrar un producto coherente. Es el caso de un debut en el que casi todo funciona y promete grandes cosas para el futuro.
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