Parece que el regreso de The Neighbourhood, oficialmente acontecido en noviembre de 2025, se merecía una segunda efeméride, esta vez de la mano de una expansión de su material más reciente. Por si acaso alguien no se enteró en su día, Jesse Rutherford y los suyos nos recuerdan con “(((((ultraSOUND)))))+” (26) que el pasado año la banda se volvió a juntar en el estudio tras un sostenido hiato en el que su frontman se ha dedicado a otras labores de producción propia. Ahora, y con esta revisión de hasta veinte cortes, los californianos amplían el repertorio de su quinto álbum (y primer trabajo en un lustro), sumando cinco canciones inéditas y una nueva excusa para reivindicar sus contados, pero efectivos (y efectivistas) golpes de lucidez.
Meses atrás, el nuevo cancionero de Rutherford y compañía generaba opiniones cruzadas entre su histórico fandom, siendo su lírica superficial, la escasa memorabilidad de las piezas o una notable falta de evolución con respecto al pasado, los reproches más recurrentes que se le achacaron. Cabe mencionar, eso sí, que con las guitarras reverberadas de “Hula Girl” o la literatura oscura de “Tides”, la banda buscó, precisamente, alejarse de su pulsión más experimental, trabajada en “Chip Chrome & The Mono-Tones” (20), y ofrecer un calculado retorno a la estética más reconocible de The Neighbourhood (aunque ello acarrease caminar en círculos más de la cuenta).
La cosa salió regular, dando pie a esa enorme asimetría entre el volumen del compacto y la verdadera relevancia en el total de sus partes (junto a las mencionadas, una inmediata “OMG”, el post-punk cogido con pinzas de “Zombie” o la electrónica ligera de “Lovebomb” podrían salvar los muebles, pero poco más). Este desatino, a priori, no parece enmendarse dilatando todavía más el corpus de la propuesta, pues si de lo que se trata es de poner en valor la reedición de marras, sus anodinas incorporaciones poco o nada suman a la causa.
“Start” inaugura la revisión del proyecto con una estructura minimalista y nebulosa, prolongando la lógica ambiental del álbum original y tirando de una producción ligeramente más desprovista; algo similar a lo que ocurre en “Good Grief”, oportunidad que el conjunto nos brinda de verles hilvanando ocurrencias propias del indie rock, el dream pop y el pop alternativo, como en los viejos tiempos y con precisión elegante; “Red Flag” es el hit del montante, con su vocoder, sus capas digitales más prominentes e incluso un drop de inspiración EDM, hecho y derecho para conquistar a la primera escucha; "Lulu", por su parte, nos devuelve a ese onirismo consensuado del resto de aportes, arrastrándonos (más) a la penumbra emocional de su discurso; y “Bed” remata la faena con ideas contemplativas e introspectivas, reafirmando la contención narrativa que parece invadir la partida.
Para quienes disfrutaran con su versión primigenia, desde luego "(((((ultraSOUND)))))+" no va a suponer ninguna decepción, claro que el añadido de estas nuevas canciones tampoco altera sustancialmente la naturaleza del mismo. Entendámoslo, pues, como un mero apéndice envolvente que oxigena la fórmula original tanto como subraya sus carencias. Más duración que revelación y un epílogo funcional que apenas cambia el veredicto.
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