Una de las prioridades de todo músico o banda, y más todavía si se enfrenta al momento de mostrar su obra primeriza, es saber reconocer -y por extensión resaltar- aquellos puntos fuertes que le adornan, con el fin de ser capaces de obtener el máximo rendimiento a su propuesta. Una optimización de recursos que además suele deparar un nítido reflejo de la personalidad que les define y en la que se sienten cómodos. Visto el contenido del trabajo debut (“The Arrival”) de este cuarteto procedente de Eibar, no parece alojar demasiadas dudas a la hora de identificarse en relación a una serie de parámetros ni sobre todo respecto a las virtudes artísticas con las que cuentan. Percepciones que se concretan en media docena de composiciones que demuestran con rotundidad y sin ningún tipo de titubeo su adscripción al rock setentero, ese intrincado en las raíces del blues y tallado a fuerza de envites hardrockeros y ciertos brochazos psicodélicos. Un contexto perfilado entorno a una pegadiza y visceral voz femenina apoyada sobre una contundente y ágil sección instrumental, elementos que se encargan todos ellos de redondear y delimitar con exactitud la figura de The Mood Rings.
El lanzamiento de su álbum de presentación dista mucho de ser una llegada a la escena musical hecha de manera apresurada, un error demasiadas veces visto en este tipo de trabajos pero que aquí consigue esquivar gracias a un reposado proceso de gestación. Surgida en 2018, la formación guipuzcoana ha sabido esperar el tiempo justo, dedicándose a reflexionar sobre su propio sonido y a ponerlo en acción sobre los escenario, para dar salida a unos temas que bajo ningún concepto pretenden esconder, más bien al contrario, el espíritu orgánico y sobrio con el que se articulan, acercándose así a su esencia más natural y representativa.
Si bien los ingredientes que la banda pone en liza no nos resultan ni mucho menos desconocidos, ni tampoco parece ser desde luego su pretensión, eso no es excusa para reconocer el mérito de lograr absorber, sin llegar a ser absorbidos, una lista de influencias en las que aparecen nombres esenciales en estas lides como Humble Pie, Grand Funk Railroad, Janis Joplin o Led Zeppelin, y en la que seguramente también haya que añadir a todos aquellos que han extendido esa tradición hasta nuestras fechas, llámense Radio Moscow, los primeros Buffalo Killers o The Steepwater Band. En definitiva, representantes que han interiorizado ese carácter crudo y eléctrico de épocas gloriosas y que han sabido adaptarlo a su lenguaje propio, lo que precisamente delata esa palpitante base rítmica encargada de abrir y dirigir una “Sell Me Your Truth” por la que se desliza una guitarra capaz de avanzar serpenteante, golpear rocosa o navegar libremente en compañía de una curtida voz. A pesar de ese decálogo irrenunciable que caracteriza al disco no serán pocos los matices con que nos encontremos en el transcurrir de los escasos cortes, desde el ritmo nervioso y descarnado, no exento de la agresividad punk, de “Sweet Tea”, a un “The Sun” que maneja el paso boogie solo como comienzo de un camino que transcurrirá sin ataduras y desacomplejado.
Pero si de lo que se trata es de señalar piezas que rompan con mayor evidencia la disciplina formal prioritaria, entonces hay que mirar hacia aquellas que se despojan de sus armaduras mas encrespadas para situarnos en un territorio delicado y sensible. Es ahí donde nos encontraremos con un “Crescent Moon Blues” que aunque abra las ventanas a un desarrollo psicodélico y evocador no puede evitar su tendencia eléctrica. Algo similar a lo que sucede con el extraordinario tema homónimo, que si bien parece en su primera parte situarnos en un estado plácido e intimista, casi susurrante, pronto asistiremos a una explosión de intensidad y lirismo rasgado.
La media docena de temas que alberga “The Arrival” nos son suficientes para, lo primero, tener el gusto de conocer a esta formación y lo segundo, y más importante, adjudicarles sin reparo un puesto destacado entre aquellos que deciden sumergirse en ese proceloso océano que es el blues-rock setentero. Su manera de afrontar ese reto aparece definido por el desparpajo y la vehemencia, trazas que si en ningún momento pretenden alejarse de los estándares e iconos referenciales del género tampoco claudican a la hora de diseñar un particular camino estampado con su propia firma.
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