Como aperitivo de su próximo elepé, la banda bilbaína adelanta cuatro temas que suenan, simple y llanamente, a Daltonics: pub rock salvaje, perfectamente ejecutado, en canciones donde la música encuentra su complemento ideal en unas letras marca de la casa, cargadas de ironía, humor y, sobre todo, altas dosis de realidad, por que ¿quién no se ha topado alguna vez en su vida con un compañero jeta en el curro?, ¿o quién no tiene un colega que dice eso de “hoy no salgo” y acaba liándola? Pues eso, para disfrutar de historias cotidianas como estas, aquí está lo nuevo de The Daltonics, que insistimos es tan sólo una previa del elepé que, próximamente, podremos disfrutar.
Lo primero que llama la atención es el envoltorio del CD que, simple y llanamente, cuenta la historia de lo que nos vamos a encontrar al escuchar estos cuatro temas. Un minucioso trabajo de diseño realizado de nuevo por Markel Urrutia, de Smoke Signals Studio, quien ya se había encargado de portadas de anteriores discos de los cinco “daltónicos”. Una apuesta por el formato físico y por el valor de la música también como objeto y que, como decimos, resume a las claras lo que son estas nuevas composiciones de la banda: Desde el “PUB ROCK” del que salen los fantasmas de los miembros del grupo en un estado dudoso, hasta la contraportada en la que, por cierto, cuelan una siempre necesaria reivindicación por el pueblo palestino ante el brutal genocidio al que siguen siendo sometidos desde hace un siglo (y sí, decimos bien, porque el genocidio sigue produciéndose, aunque el foco informativo se haya trasladado a otros puntos de este mundo que, si no lo evitamos, se va a cargar el puto tarado de Trump).
Y centrándonos en lo musical, estos cuatro temas, así como el futuro elepé, lo han grabado en los estudios Sweet Saul Music con Saúl Santolaria, y a decir verdad, el resultado no puede ser mejor, y parece que el productor les ha cogido el punto a la primera.
Ya desde el inicio, los bilbaínos se dedican a dar cera de la buena y a dejar claro que los y las que busquen grandes sorpresas o virajes estilísticos, ya se pueden ir a otra parte, porque aquí sólo van a encontrar lo de siempre: pub rock salvaje y mucho cachondeo. Y es que eso es lo que nos gusta de ellos y, además, lo que mejor saben hacer. Pero ojo, que también hay que ser muy bueno para hacerlo así de bien, y convertirse en un referente dentro de la escena rockera de Bizkaia. Porque más allá de las afiladas letras, la ironía, y la comedia, The Daltonics son mucho más que un tributo a Dr. Feelgood, por más evidente que sea la influencia de los británicos, en ellos, así como la adoración nunca negada que los cinco profesan a Brillaux, Wilko Johnson y compañía –a los que, por cierto, acompañaron (al menos a lo que queda de Dr. Feelgood) ya hace unos años en el Kafe Antzokia-.
Pero a lo que vamos, que es hablar de este “Hoy se sale”, que comienza precisamente con la gran mentira que es “Tres veces al año”, ya que nos los encontramos por garitos y festivales bastantes veces más, aunque la historia de la canción cuente algo diferente, con ese estilo inconfundible de las letras de Alex Ron: puro costumbrismo que retrata nuestra sociedad bastante mejor que cualquier periódico y, por supuesto, mucho más certeramente que las redes sociales. Como decimos, cera de la buena para empezar, con una composición acelerada en la que destaca, al igual que a lo largo de todo el trabajo, el punto de compenetración al que la banda ha llegado, y que les lleva a sonar como una apisonadora que, por cierto, se acelera todavía más en directo.
La cosa no decae con “Despedido”, la historia del típico jeta del curro (que levante la mano el que no se ha topado con uno de estos especímenes alguna vez), historia contada –y cantada- ¿cómo no? a ritmo de pub rock sucio y contundente, y donde resalta el sonido de la armónica que, a lo largo de los años, el vocalista ha ido depurando, hasta convertirse en parte imprescindible del sonido “daltónico”.
En “Mentir” se acercan a un rock and roll más clásico, y no es casual que en la letra se acuerden del propio Bo Diddley, admitiendo de una manera irónica, que alguna línea le han robado para hacer esta canción. Por cierto, como suenan las guitarras de Pablo y de Egoitz en este tema en el que ambos también se hacen grandes a los coros en ese final cercano al góspel. Y para terminar, la festiva “Empotradores románticos”, una suerte de porno-rock, en la que los cinco se lucen, y que se convierte inmediatamente en un futuro himno para los directos, con un estribillo pegajoso y difícil de olvidar, de esos que se quedan en el subconsciente un rato largo después de escucharlo, como anteriormente sucedió con temas como “Viudas de Epalza”, o “A tu bar”, por destacar sólo dos.
Poco más que añadir a lo que es ya un nuevo capítulo –o por lo menos el avance de lo que vendrá- en la carrera de una banda que, aunque suene paradójico, sin grandes sorpresas no deja de sorprendernos, y cada vez lo hacen mejor.
Eso sí, escuchen estas nuevas canciones, pero sobre todo, si tienen oportunidad, véanlos en vivo.
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