El segundo disco de Eliot Lipp empieza con unas notas de bajo tocadas con teclado que bien podrían pertenecer a un disco de Herbie Hancock o a uno del Stevie Wonder más experimental. Pero no es así. El inicio de “Tacoma Mockingbird” deja bien claro por dónde van a ir los tiros ahora. Y es que este joven de raza blanca es capaz de construir melodías cargadas de emotividad a través de una serie de bypasses de nostalgia marca de la casa.
¿Y cómo lo consigue? Con un uso constante de aparejos analógicos que no duda en combinar con bases de hip hop de línea clásica. Lipp ya se hizo mayor con su anterior trabajo, el evocador, “S/T”, con el cual pasó del multipistas al nuevo rap underground, llegando a compartir cabina con Dan The Automator, Madlib o Dabrye. Fue hace dos años, funcionando como primera piedra de su fenomenal teoría sobre la matemática del beat. Si entonces era un caso aislado al alcance de unos pocos (entre ellos el catalán DJ2D2, que incluyó un tema suyo en su genial “Bit Street”), ahora conseguirá su pequeña porción de reconocimiento global. El disco es grande, porque suena a fresco y añejo al mismo tiempo. Sin duda, un paso adelante para el hip hop instrumental.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.