Partiendo de la base, para el que esto escribe, de que lo más importante de un grupo son las canciones, que los Lackloves no inventen nada importa una mierda. “Star City Baby” es un monumento tan grande a gloria de la mejor tradición del pop, que no me cabrea el hecho de saber que será totalmente olvidado a la hora de valorar lo mejor del año.
El misterioso y quimérico arte de la composición de canciones pop atemporales es, hoy por hoy, un arte infravalorado o, si me apuran, mal entendido. Lo digo porque parece que tal labor ha sido encomendada a engendros del calibre de Coldplay y Travis, grupos totalmente coyunturales e intrascendestes -tiempo al tiempo-. Sin embargo, los verdaderos artesanos -léase: Bronco Bullfrog o Cotton Mather, entre otros-, esos capaces de aguantar el paso del tiempo, siguen en un incomprensible segundo plano. A este último grupo pertenecen The Lackloves -algo así como los “sin amor”-, que pueden ser definidos como la tercera parte de la ecuación formada por los Byrds primero y los Flamin´ Groovies después. “Star City Baby” es uno de esos discos mágicos que no se pueden dejar de escuchar. No aburre y está plagado de canciones sobresalientes -“Goodbye”, “Where Love Ain´t Around” y “Brown Eyes You” están entre las mejores-. En pocas palabras, un pequeño clásico.
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