La portada de su primer disco llamaba la atención porque remitía directamente al “Forever Changes” de Love y aunque lo suyo rezumaba un sabor rock de tintes clásicos por todos los lados, el fondo resultaba un tanto disperso y de discurso algo débil en unas melodías que no resultaban precisamente desgarradoras. Ahora tampoco es que nos encontremos ante un disco que vaya a dejar huella imborrable en el recuerdo, pero sí ante un trabajo que resulta mucho más concreto, profundo y resultón que el primero. Suena más sólido, mucho más efectivo en el uso de estilos y encima ahonda más en su vertiente soul garagera y en el r’n’b más vacilón y canalla. No llega a la altura del macarreo punk de Make Up, tampoco al rock stoniano del último de Primal Scream con los que además se van a ir de gira próximamente (no saben donde se meten los pobres), ni tienen el punto brasas virtuoso de Cream, pero con todos ellos guardarían algún punto en común. Un álbum tan ajeno al mundo en que vivimos como los de Cooper Temple Clause o The Brian Jonestown Massacre, pero todavía un paso por delante de la gran cantidad de grupos de corte mod que actúan en esos revivals de mentirijilla que organizan para lucir sus flequillos. Molan.
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