Si hay algo de lo que no se puede acusar a los de Nottingham es falta de ética de trabajo. Desde su formación allá por 2007 -aunque llegaron al gran público bastante más tarde- han publicado una docena de álbumes. La cuenta se amplía con este nuevo LP, el segundo tras su regreso a su casa Rough Trade tras un breve periodo probando los rigores de la autogestión.
Seamos precisos: esta productividad se ha espaciado desde el anterior y notable “UK Grim” de 2023, seguramente porque cada vez que llega un nuevo disco da la impresión (al menos, yo la tengo, y puede que sea engañosa) de que Sleaford Mods han dicho todo lo que tenían que decir. Han refinado su espartana fórmula todo lo que es humanamente posible, y sólo les queda tirar de colaboraciones o montarse un grupo con instrumentos para ir mutando de estilo, en la estela de The Fall. (En “The Demise of Planet X” (la canción) o la desastrada “Flood the Zone” no cuesta imaginar al añorado Mark E Smith soltando sus diatribas). El caso es que, de momento, siempre se guardan un as en la manga.
Para ampliar su paleta y la variedad melódica el dúo apuesta de nuevo por las colaboraciones, y esta vez participan Sue Tompkins (ex líder de Life Without Buildings), Gwendoline Christie (la rubia valkiria de “Juego de tronos”), Liam Bailey, el rapero Snowy y la neozelandesa Aldous Harding, que debe ser la cantante más inesperada del mundo a la hora de acompañar a Andrew Fearn y Jason Williamson. El caso es que son muy buenos colegas.
El LP juguetea con la ciencia ficción desde el título a la radiactiva portada, y vocalista y música continúan imperturbables e implacables como sus ritmos y fraseos, transitando la senda que patentaron ajustando cuentas con las miserias de Reino Unido a base de sarcasmo y humor negro. Pasan de momentos de oscuridad más o menos agresiva (“The Good Life”, “Bad Santa”, “Kill List”), a hip-hop old school de base funk (“Double Diamond”, con arreglitos de cuerda al final), electrónica minimalista (“Megaton”, “Gina Was”) y estribillos pop (“Elitest G.O.A.T.”, “No Touch”), sacando petróleo de cada colaboración. Hasta le dedican un tema de pop de juguete al mítico Don Draper de “Mad Men” y juegan con sintetizadores lúgubres a lo Carpenter (“Shoving the Images”).
Y sorprende que con una fórmula tan básica y después de tantas canciones y álbumes aún tengan margen para seguir convenciendo. Llámenlo crudeza, convicción, honestidad brutal o lo que sea eso que marca la diferencia en uno de sus trabajos más variados y entretenidos.
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