En tiempos de anestesia colectiva, el presente “Absolutisme Zen” suena a bendita anomalía. El cuarteto catalán Serpent dibuja con guitarras disonantes y apocalípticas una sociedad, la nuestra, sedada por sonidos inocuos y discursos hegemónicos. Sus canciones hablan de una mayoría paralizada y manipulada, también de personajes miserables e ideologías destructivas.
Los responsables del fantástico “Lluna Roja”, escogido mejor disco de hardcore punk nacional de 2019 según esta revista, dejan atrás las metáforas costumbristas y cinéfilas de sus primeras referencias —después de su largo debut publicaron una serie de tres EP’s muy recomendables entre 2021 y 2022— para entregarnos un retrato bien crudo y bastante explícito de nuestro aquí y ahora.
Con un armazón post-hardcore deudor de Drive Like Jehu y Hot Snakes, “Absolutisme Zen” reúne once historias verosímiles cantadas con intensidad, once historias sobre toxicidad social y manipulación (“Mai ningú enlloc”, Esbarzer”, “Diners i abdominal”) y resiliencia emocional (“El día que vaig parlar de sentiments”). Serpent regresan más viejos y enfadados (“Vell i Cabrejat”), criticando las ciudades que se venden al capital y acaban moldeadas por la gentrificación (“Hem buidat la sala”, “Swing del dolor”) y también se burlan de los perros de presa del poder (“Psicotècnic”) y señalan a los xenófobos que se envuelven en banderas (“Himne nacional”).
Después de enterrar la música institucionalizada y subvencionada con el sencillo “Mort al rock català” (24), Serpent firma un segundo largo tan incómodo como lúcido. No ofrece respuestas ni espera despertar conciencias. “Absolutisme Zen” se limita a colocarnos frente al espejo, y cada cual que saque sus conclusiones.
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