Química coral
DiscosSeñalada

Química coral

7 / 10
Fran González — 12-08-2026
Empresa — El Genio Equivocado
Fotografía — Archivo

Mientras que el estío insiste en vendernos una impostada felicidad a golpe de hedonismo escultural, triunfos deportivos, carreteras secundarias y salitre en la dermis, Pedro Señalada apuesta por cambiar los excesos del verano por un diálogo más introspectivo y ensimismado. Desde su propio título, “Química coral”, el zaragozano toma prestado un curioso fenómeno biológico para levantar un cancionero que habla, en última instancia, sobre las conexiones invisibles que moldean nuestras relaciones, recuerdos e identidades; una fuerza silenciosa y sibilina que mueve todo lo que determina, en definitivas cuentas, el curso de nuestras vidas.

El concepto que bautiza su cuarto elepé es, de por sí, encantador. Un guiño a esa suerte de comunicación extrasensorial que algunas plantas desarrollan cuando son heridas, liberando señales químicas al entorno para alertar a otros organismos cercanos y prevenirles de una amenaza compartida. Un pretexto que, a su vez, le sirve a Señalada para rehuir deliberadamente de la confesión directa e invitar al oyente a que sea este quien complete las imágenes sugeridas.

Mano a mano con Pablo Gorostiaga (unsalto, Hurricane Heart Attacks), quien se encarga de firmar la producción y parte de la instrumentación de la criatura, este maño afincado en Barcelona dibuja versos de dicción elusiva y enigmática para dar sentido a sus sentimientos más primarios (“Vienes a mí, quédate aquí / Bajo mi piel, habita en mis entrañas”, canta en un registro espectral, muy a lo Fernando Alfaro, en “Extraño ser”). Y ya que nos ponemos con las referencias, el espíritu de la C86 vive, y de qué manera, en el folkgaze de “Gas” o en la naíf “Hasta el final” (“Miré atrás, sentí vértigo / Decidí no perder ni un minuto más”), que nos muestra la cara más cándida y esperanzadora del declarante.

Todo el compacto, de hecho, se instala en esa extraña felicidad melancólica que celebra los afectos desde la contención, consciente de la naturaleza efímera de los mismos. Su pieza homónima, sostenida sobre un delicado armazón de guitarras acústicas, parece retratar una de esas noches de verano en las que las copas chocan, las conversaciones se alargan y la amistad adquiere, aunque solo sea por unas horas, una inesperada sensación de reconciliación. Las fronteras entre plenitud y pérdida, sin embargo, se diluyen del todo en la plañidera “Luna Nueva”, donde entre alegorías color negro infinito termina de florecer esa incipiente despedida.

Si “Química coral” se erige como una de esas gratísimas anomalías dentro de nuestro indie, esquiva a las listas anuales pero deliciosa para los habitantes de sus márgenes, es precisamente porque su abajo firmante lleva perfeccionando un lenguaje propio el tiempo suficiente como para no dejarse seducir por lo accesorio. Curtido en proyectos esenciales de la escena (Neleonard, Gabriel y Vencerás, unsalto), Señalada demuestra una extraordinaria intuición para la melodía, un gusto exquisito por los arreglos de apariencia modesta y una capacidad poco frecuente para hacer que cada uno de sus elementos (desde el delicado entramado de guitarras hasta su voz insinuante) gravite consistentemente alrededor de una misma idea. Pocas veces un concepto encuentra de forma tan natural su reflejo en la propia arquitectura sonora de un disco.

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