Five Friends Floating
DiscosQuaoar

Five Friends Floating

7 / 10
Kepa Arbizu — 19-02-2026
Empresa — Autoeditado
Género — Rock

A pesar de la reducida presencia física de un disco, y más allá de las incontables sensaciones que es capaz de generar su contenido, su proceso creativo, desde esa inaugural chispa inspiracional hasta su resultado definitivo, puede significar también el desarrollo de toda una epopeya. De tal manera se podría definir la década transcurrida entre el actual lanzamiento de este quinteto bilbaíno y su predecesor, “Dreamers. Dreaming”, un involuntario hiato en el que, al margen del consabido parón achacable a aquella pandemia provocada por el virus del COVID, ha tenido su cuota de protagonismo la fatalidad, en este caso oculta tras un grave accidente automovilístico que interrumpió la dinámica compositiva de la formación. Por eso, tener entre las manos este álbum, no representa exclusivamente la satisfacción lógica de asomarnos otra vez a las aptitudes artísticas de sus creadores, sino, lo más importante, comprobar el satisfactorio final hallado tras un ejercicio de superación vital.

Como si fuera parte de ese juego consistente en articular una palabra a partir de la sílaba final de otra apuntada con anterioridad, que el inicio de este recién editado trabajo recaiga en un tema cuyo título es idéntico al utilizado para bautizar a aquel ya lejano antecedente, puede ser entendido como una filigrana con la que tender un puente entre ambas grabaciones, y por extensión, retomar su carrera allí donde en un punto concreto quedó interrumpida. Un continuum que alude por supuesto a la vocación por mantener intacta, lo que no impide que esté sujeta a variaciones y ampliaciones, una fórmula que señala a esa ya característica rocosa y envolvente aleación entre sonidos procedentes de los imbricados desarrollos del rock progresivo, la musculatura metalera y la crepuscular épica asociada a los años noventa. Coordenadas musicales que maridan a la perfección con una lírica de críptico paisaje, por momentos asomada al apocalipsis narrativo, que sin embargo tiene la facultad de construir puntos de fuga luminosos entre esos recovecos sombríos.

La invocación al sueño como herramienta de encuentro íntimo y esencial, alejado de los corsés sociales, es presentada en un tema inicial que, en consonancia con dicho concepto, adopta un sonido orquestado y etéreo donde el piano sirve de brújula a un ambiente que discurre desde lo recatado a la exaltación, momento en el que se hace más evidente la influencia de Queen. Un elegante y delicado recibidor que sin embargo es la puerta de entrada a la mente, siempre en conflicto con el paso del tiempo y los recuerdos, con una “Im My Head” que destapa ya la consistencia de la banda, siempre proclive a su expresión atmosférica y por lo tanto a ocupar esos espacios dictados por grupos como Tool o Porcupine Tree u Opeth. Estancias de difusas fronteras estilísticas que asumen su carácter más psicotrópico en la contundencia lírica de “Oblivion”, responsable de situar sus rudas guitarras en un Edén plagado de incertidumbre.

Nunca alejados de esos identificativos ambientes que logran situarse tan cerca de lo fieramente humano como de una alucinación abisal, sin embargo son diferentes los caminos tomados a lo largo de esta media docena de canciones para conquistarlos. Las ráfagas en forma de riffs de “Irrelevance”, reflexión sobre la trascendencia artística convertida en adicción, apelan a lo más granado de la escena grunge, llámense Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains, lo que atribuye a la composición un paso más ágil y directo. Y es que incluso con los mismos mimbres, el imponente tema titular, al que conocer la intrahistoria del disco le aporta mayor estremecimiento al traducir esas sirenas en sonidos biográficos, retrata una lucha entre la vida y la muerte trasladada a la alternancia de intensidades, donde el decaimiento es interpelado por el grito feroz. Un tour de force que culmina con la extensa sinfonía de “As Above So Below (New House pt.1)”, que a modo de sinopsis de los matices, y no son pocos, que maneja la banda, describe ese horizonte donde el suelo y el cielo se confunden.

Al margen del propio concepto manejado por este trabajo en concreto, la idiosincrasia de Quaoar es precisamente habitar ese espacio intermedio entre el dolor y su calmante. Porque su sonido apela a lo onírico pero también resulta reconfortantemente terrenal, un particular estadio emocional que les otorga, además de sus valores musicales, una identidad definida y admirable. Personalidad irreductible, de lo que conseguir haber dado forma a este disco definitivamente es buena prueba, que sin embargo no ceja en su determinación por retocar y esculpir nuevas veredas que contengan su huella pero no desemboquen en un recurrente destino. Su invitación a alzar el vuelo junto a ellos es firme y al mismo tiempo conmovedora, y es que sus confines eléctricos se ubican tan cerca del infierno como del paraíso.

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