Ólöf Arnalds regresa a través de “Spíra” generando una obra de agradecimiento a la vida, como bien interpreta en ese cierre de disco con “Lifandi”. Un nuevo proyecto que llega once años después de su último LP y que habla precisamente de eso, del paso del tiempo, pero desde el punto de vista del aprendizaje constante. Una obra que la artista sentía necesaria para poder reconectar con su parte creadora y traerla a la madurez, a la sabiduría del presente.
Como una especie de hada del bosque, libre y sensata. Ólöf tiende puentes y genera diálogos constantes con la naturaleza, desarrollando su gran conexión con la misma y creando paralelismos con su forma de vivir en sociedad. Desde el helador y solitario invierno que le aporta serenidad, intimidad, calma. A los paisajes primaverales, construidos con pequeños rayos de sol, que florecen y guían de la misma forma que lo hace su entorno más íntimo (“Vorkoma”).
Íntegramente en islandés, “Spíra” fue construido básicamente a base de primeras tomas de todas las canciones tratando de conservar una inmediatez y un resultado lo más orgánico posible. Sencillez, desnudez del alma, Ólöf reconstruye la ligereza que enamoró a todos en “Við og við” (One Little Independent Records, 2007). Y lo hace recurriendo a su gran amigo de aventuras Davíð Þór Jónsson a los teclados, con el que tantos escenarios ha pisado, y a Skúli Sverrisson, pareja de la artista, que la acompaña al bajo y la producción.
La importancia del amor familiar vuelve a ser un tema recurrente, pero esta vez examinando un presente que mira al futuro con ganas. Que lo espera desde la paz y el perdón (“Von um mildi”). Celebra así las relaciones personales cultivadas con calma y destaca, especialmente, ese tema dedicado a su hijo, que da nombre al proyecto, donde aparece el instinto de protección maternal ante los temores de una relación compartida con el padre de este, del que Ólöf está divorciada.
Se podría hablar de “Spíra” como un álbum humilde, que sobrevive a base de poco. Que no necesita grandezas para brillar y que expone con orgullo su desarrollo a base de guitarra y voz. Una especie de canal para que la música fluya de nuevo con fuerza en la vida de Ólöf. Y es que es bonito ver a un artista sanar y avanzar recurriendo al lugar donde todo comenzó y siempre fue feliz.
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