Con Alberto Matesanz convertido en artesano-compositor del Brill Building de Siesta, Plastic D’Amour parecían definitivamente arrinconados en beneficio de esa industrialización de melodías dandies que propugna el sello madrileño.
De hecho, Matesanz nos ha regalado recientemente un puñado de buenas canciones, a través de los discos-concepto de Escarlatinas y Cristina Georgina. Pero Matesanz es también un tipo astuto. Ha guardado algo interesante y diferente para Plastic D’Amour. Algo más orgánico, espontáneo y lleno de simbolismo. Algo menos caramelizado y, en definitiva, más intrigante. Algo que se arrima al adjetivo psicodélico como si fuera la reacción lógica a los excesos del stylish-teenage-pop. “Nicolas” es Plastic D’Amour sin disfraz. Es sobriedad y coherencia, perspectiva despejada. Es New Seekers, Fairport Convention, Walkabouts incluso, es Bridget Saint John, es Vashti Bunyan, con el consabido toque francés, mencionemos por última vez aquí a Françoise Hardy. Es un buen ejemplo, ascético y muy digno, no más retro de lo necesario. Y si las canciones no son de diez, sí son de “me apetece escucharlas”. Y apetecen, porque al fin y al cabo la naturalidad es a veces bastante bonita.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.