En su segundo álbum, la banda madrileña vuelve a autoproducirse (repiten con Karim Burkhalter) y da el salto a la autoedición.
Mantienen la esencia de “Seasize”, pero con un acabado menos electrónico -provocado en parte por la incorporación del batería Paco Ramírez-, confirmando que la personalidad de Murmur (mandan la melancolía y los arreglos) está claramente definida y demostrándolo en canciones como “Youth Without Muse”, “Fallow Field”, “The Painless Divorce” o “The Perilous Bed And The Dolorous Blow”. La comparación fácil sería decir que oscilan entre los paisajes digitales de The Postal Service y las guitarras de Death Cab For Cutie, pero en ese universo no encajarían los temas más inmediatos, como “Movin On” o “Sing For You Supper” (asoma el aire festivo de Bloc Party), y es esto precisamente lo que evita que el disco suene lineal. No tienen miedo a que los temas respiren más allá de los cuatro minutos, una apuesta que hace posible que canciones calmadas y circulares desemboquen en un final inesperado y vibrante (“Ghost Lover”). En un país donde la música cantada en inglés tuviera más oportunidades, Murmur podrían aspirar a compartir audiencia con Snow Patrol.
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