En su larga y contundente carrera en la música, Marc Aliana, original de Barcelona, con pasado en California, ha recorrido el camino suficiente para poder lanzar un disco conceptual con acertado criterio. Más allá de su delicada forma de ejecución y producción, Aliana ha demostrado ser un músico con un nivel de análisis y pensamiento realmente desarrollado, basta escuchar su muy interesante podcast “Disco prestado” para descubrir esa faceta de su musicalidad.
En el otro rincón de su ductilidad, el catalán ha colaborado con un buen puñado de proyectos como los de Bunbury, Loquillo, Adanowsky, Javier Corcobado, etcétera. y todo su rodaje paga en forma en estas nueve canciones que exploran la relación del ser humano con la tecnología, un tópico que claramente hoy en día atraviesa a todos los curiosos que habitamos la tierra.
A nivel sonoro nos encontramos con un rock alternativo de coqueteo electrónico que de momentos recuerda a Depeche Mode y de golpe ofrece pasajes instrumentales de suficiente lisergia como para pensar en algún resquicio prog (atención a la sección instrumental y crescendo posterior de “Humanomáquina”).
La experiencia de Aliana para darle dinámica a estas composiciones es uno de los grandes pros del proyecto y del artista en sí: los climas llevan a la propuesta al siguiente nivel. Como ejemplos, podemos citar las guitarras incidentales de “Duermevela”, lo distópico y salvaje de las guitarras en “La Misión”, el espíritu Nine Inch Nails de “Dogma”, o la elegancia de cantautor alucinado en “Singularidad” y “Soma”.
“El último jardín”, que fue grabado en Barcelona y mezclado en Ciudad de México, es un disco que invita a descubrir la personalidad artística de Aliana pero también a reflejarse en estos temas que con prosa simple pero profunda, también dan que pensar.
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