Con el panorama político y social actual, —en clave valenciana, sobre todo— la brega es una consecuencia inevitable. Y lo es en todas sus acepciones: como esfuerzo, como pelea o como trabajo. Porque, frente a la desesperanza, solo hay dos opciones: el llanto o la resistencia. Y la gente de Malifeta, en “BREGA”, lo tiene claro. Para llorar ellos, mejor que lloren los culpables.
La identidad, la política o la catástrofe son algunos de los ejes que atraviesan la realidad del disco. Por eso, “BREGA” no es afable y mucho menos simpático. Es un álbum solo apto para pieles gruesas y orgullosas de no estar conformes, de su falta de hogar en una sociedad y una política que cada vez dejan más que desear.
Escuchar el disco entero es aventurarse en un viaje de ritmos urbanos, electrónicos y poperos —incluso funk— que van de lo general a lo particular. “BREGA” arranca invitando al aquelarre a unirse a la pelea. Los primeros temas tratan de lo colectivo de forma más o menos explícita: la política, lo social, la vivienda… Todo aquello que afecta fuera de la experiencia cotidiana. Sin embargo, a partir de “RABOSETA”, el álbum toma un tinte mucho más personal. Aunque extrapolables a cualquiera de nuestras vidas, las letras de canciones como “INFLAMABLES” o “DE NIT” son mucho más íntimas que sus predecesoras. Desde las diferentes realidades que coexisten en un grupo de colegas hasta el desasosiego nocturno que solo pueden apaciguar ciertas personas, la segunda parte de “BREGA” recorre la intimidad de Arnau, letrista de la banda.
El vuelo lo acompañan con un tonteo divertidísimo con todo tipo de sonidos: desde lo más urbano —herencia de Zoo— hasta una especie de funk sintético. Y lo hacen porque se lo pueden permitir. Porque de “Mitologia” (23) a “BREGA” hay un salto sonoro y cualitativo que es más que evidente. Además, con nueva banda y la incorporación vocal de Ana, Malifeta vuelve a empezar en este nuevo disco.
Todo esto, con las aportaciones —como dicen los de Malifeta, de kilómetro cero— de Toni (Panxo), Sandra Monfort y Quinto convierten el resultado final de “BREGA” en una absoluta delicia. Una respuesta tan inevitable como necesaria. Ojalá fuesen así todas nuestras peleas.
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