El trío de Barcelona Low Blows regresa casi seis años después de su debut con un segundo álbum en el que combinan contención con sofisticación oscura, afinando su propuesta. El sonido que dominan, que navega entre el post-punk gótico y la darkwave, se inspira esta vez en “el vacío existencial y la decadencia de la cultura occidental”. No son asuntos menores, desde luego.
Grabado entre casa, los estudios Nautilus y el local de ensayo bajo la mirada del músico y productor italiano Matteo Vallicelli, y mezclado en Nautilus por Jordi Solans, en estas diez canciones encontramos desde el primer segundo del arranque (“Vacío”) esa tensión y las atmósferas viciadas que el género demanda.
Hemos asistido en estos últimos años a un renacimiento de las oscuridades propiciado, seguramente, por las turbulencias de la época, pero también por esa sensación de agotamiento generalizado que afecta a nuestra cultura. Low Blows proponen su propia versión sónica de este zeitgeist: ritmos implacables, guitarras certeras, una voz que sigue esa escuela que va de Ian Curtis y Andrew Eldritch a Paul Banks. Y sobre todo, canciones bien construidas.
El vocalista Carlos Vergara empieza y termina castellano, aunque canta en inglés la mayor parte del disco. Un breve interludio instrumental y algunos apuntes electrónicos e industriales apuntalan un trabajo que va más allá del ejercicio de estilo, con temas tan certeros como “I Hate”, “Go!” y “Overrated” (“La vida está sobrevalorada”, canta: es algo que todos hemos sentido alguna vez). Por si quedara alguna duda, la terminal “Fin”, con sus guitarras a The Cure, tiene la frase memorable de “Estoy cansado de estar cansado de mí”, que condensa el espíritu del disco.
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